| Una campaña poco conocida, pero de una dureza inusitada por las extremas condiciones climáticas, enmarcada en la única conquista territorial del ejército japonés en suelo occidental. |
Tras asegurar sus bases estratégicas durante su guerra contra China, Japón se lanzó a establecer su tanto tiempo codiciada Gran Esfera de Co-prosperidad Asiática. Comenzando con un demoledor ataque contra Pearl Harbor el 7 de Diciembre de 1941 que neutralizó temporalmente la Flota del Pacífico de EE.UU, el Alto Mando Imperial rápidamente siguió con un envío masivo de fuerzas para tomar las Filipinas, la península Malaya, y las Indias Orientales Holandesas y la preparación de planes para establecer nuevas bases desde las que atacar Australia y la India. Para Junio de 1942 los japoneses habían extendido su autoridad en el Asia continental más allá del península Malaya, penetrando en Birmania y Tailandia. En el Pacífico Occidental habían tomado las islas más grandes al norte de Australia y al este de Midway. A consecuencia de tan sorprendentes victorias militares, Japón decidió seguir presionando en vez de consolidar sus posiciones. Sus siguientes objetivos, Nueva Guinea y las islas Salomón, eran claramente trampolines sobre Australia. Entre estos objetivos y el continente australiano estaba el Mar del Coral, donde a primeros de Mayo la Armada norteamericana había derrotado a una poderosa flota japonesa en una batalla que frustró un primerizo intento de invadir Australia. Permaneciendo a la defensiva en el Pacífico, los Estados Unidos apresuradamente fortificaron sus bases en las islas en un gran arco que se extendía desde Pearl Harbor a Sydney para mantener abiertas las rutas comerciales con Australia. A pesar del limitado número de tropas disponible, se unió a Australia para planificar una ofensiva en Nueva Guinea y las Salomón para frenar los avances japoneses. Para dirigir esta ofensiva en lo que denominaría Área del Pacífico Suroeste, el presidente Franklin D. Roosevelt eligió al general Douglas MacArthur, dejando el resto del teatro del Pacífico en manos del Comandante en Jefe de la Flota Norteamérica del Pacífico, almirante Chester W. Nimitz. El mando de Nimitz se hallaba dividido en tres zonas de combate (norte, central y sur). El Área del Pacífico Norte se extendía hacia el oeste desde los Estados Unidos continentales, Canadá y el Territorio de Alaska a través del Pacífico hasta Asia. Incluidas en este Área del Pacífico Norte de Nimitz se hallaban las islas más al norte de Japón, las Kuriles, y, tan sólo a 650 millas al este, el archipiélago alascano de las Aleutianas. Formando una larga y amplia curva de más de un millar de millas hacia el oeste del extremo de la Península de Alaska, las Aleutianas proporcionan una ruta natural de unión entre los dos países. El clima imposible y el desolado terreno hacen esta ruta militarmente inutilizable. Prescindiendo del clima ártico existente desde Alaska hacia el norte, las Aleutianas se hallan constantemente barridas por vientos helados y envueltas en densas nieblas. El clima empeora notablemente en la parte oeste del archipiélago, en todas las islas se encuentran escarpadas montañas y escasa vegetación. A pesar de estas inhóspitas condiciones, ni los Estados Unidos ni el Japón podían permitirse el lujo de asumir que el otro había desestimado las Aleutians como una impracticable ruta de invasión. La preocupación japonesa por la defensa del Pacífico Norte aumentó cuando dieciséis bombarderos B-25 norteamericanos, al mando del Teniente-Coronel James H. Doolitle, despegaron del portaviones Hornet y bombardearon Tokio el 18 de Abril de 1942. Ignorando desde donde se había originado la incursión norteamericana, pero sospechando que podría haber sido desde una base secreta al oeste de las Aleutianas, el Alto Mando Imperial comenzó a tener un gran interés en capturar el archipiélago. Planteamiento estratégico Las Aleutianas aparecen por primera vez como objetivo japonés en un plan preparado bajo la dirección de uno de los más capaces comandantes del Japón, el almirante Isoroku Yamamoto. Con la ayuda del Ejército japonés, Yamamoto pretendía “invadir y ocupar puntos estratégicos en la Aleutianas Occidentales” así como la isla de Midway en el extremo occidental del Archipiélago de Hawai. Él veía estos dos sitios como anclajes sobre los que establecer un perímetro defensivo en el Pacífico Norte y Central. Su plan también incluía la destrucción definitiva de la Flota Norteamericana del Pacífico. Usando la Aleutianas y Midway como cebo, quería atraer a la debilitada flota norteamericana de Pearl Harbor y destruirla antes de que las nuevas entregas pudieran reemplazar las pérdidas sufridas el 7 de Diciembre. Un ataque sobre las Aleutianas a primeros de Junio del 42, creía Yamamoto, atraería hacia el norte a la flota norteamericana para desafiar sus fuerzas. Con la partida de los buques de guerra norteamericanos de Pearl Harbor él podría entonces mover el grueso de la flota para tomar Midway. Dada la importancia de Midway, se hallaba a distancia de bombardeo de Pearl Harbor, Nimitz debería reconducir su flota desde las Aleutianas a Midway para evitar la pérdida de la isla. Esperando frente a Midway para interceptar esta fuerza se hallaría la mayor concentración de potencia naval japonesa jamás vista. Tras derrotar a la flota norteamericana, Yamamoto tendría un control indiscutible del Pacífico Central y Occidental. Yamamoto comandaba una armada de 176 buques de guerra y auxiliares. Una pequeña parte de esta, la Flota del Área Norte, con dos pequeños portaviones, zarpó de las Islas Kuriles para atacar las Aleutianas, mientras el resto de la flota, que incluía 4 portaviones grandes, 9 acorazados y 12 transportes, convergía sobre Midway. El ataque a las Aleutianas fue un error que de hecho reduciría la cantidad de portaviones disponible por Yamamoto para la lucha por Midway el 4 y 5 de Junio, una de las batallas más decisivas de todos los tiempos y punto de inflexión en la guerra del Pacífico. Operaciones Antes de que Japón hubiera entrado en la Segunda Guerra Mundial, su Armada había recopilado una extensa información sobre las Aleutianas, pero no la tenía actualizada respecto a los desarrollos militares en las islas. Asumía que los Estados Unidos había hecho un gran esfuerzo para incrementar sus defensas en la zona y esperaba encontrar varios buques de guerra norteamericanos operando en aguas de las Aleutianas, incluyendo 1 ó 2 pequeños portaviones así como varios cruceros y destructores. Dados estos supuestos, Yamamoto dotó a la Flota del Área Norte, al mando del vice-almirante Boshiro Hosoyaga, de una fuerza de 2 pequeños portaviones, 5 cruceros, 12 destructores, 6 submarinos y 4 transportes de tropas, así como de varios buques auxiliares. Con esta fuerza, Hosoyaga lanzaría primero un ataque aéreo contra Dutch Harbor para seguir con un asalto anfibio en la isla de Adak, 480 millas al Oeste. Tras destruir la base norteamericana de Adak (aunque no había ninguna), las tropas volverían a los transportes y se convertirían en la reserva de dos nuevos desembarcos: el primero en Kiska, 240 millas al Oeste de Adak, el otro en la isla más occidental del archipiélago, Attu, a 180 millas de Kiska. Puesto que la inteligencia norteamericana había descifrado el código naval japonés, el almirante Nimitz fue informado el 21 de Mayo de los planes de Yamamoto, incluyendo la finta de las Aleutianas, de la fuerza de ambas flotas, tanto la de Yamamoto como la de Hosoyaga, y de que Hosoyaga iniciaría las hostilidades el 1 de Junio o poco después. Nimitz decidió enfrentarse a ambas flotas enemigas, reteniendo sus tres portaviones para la batalle de Midway y enviando un tercio de su flota de superficie (Task Force 8) [Grupo Operativo 8] al mando del contra-almirante Robert A. Theobald a defender Alaska. Las órdenes de Theobald eran mantener Dutch Harbor, una pequeña instalación naval en las Aleutianas Orientales, a cualquier precio y evitar que los japoneses pudieran poner un solo pie en Alaska. El grupo operativo de Theobald, con 5 cruceros, 14 destructores y 6 submarinos, partió de Pearl Harbor el 25 de Mayo para tomar posiciones en el Mar de Alaska a 400 millas frente a la isla Kodiak, y esperar allí la llegada de las fuerzas de Hosoyaga. Mientras tanto Theobald estableció su cuartel general en Kodiak y se reunió con el general de división (más tarde teniente-general) Simon B. Buckner, Jr., comandante del Mando para la Defensa de Alaska del Ejército. El mando en el Área del Pacífico Norte se hallaba dividido y enmarañado. Nada más llegar a Alaska, Theobald se convirtió en comandante de todas las fuerzas aliadas navales y aéreas. La autoridad sobre las fuerzas de tierra recaía en Buckner, con quien debería trabajar en un espíritu de “cooperación mutua”. Mientras Theobald informaba directamente al almirante Nimitz como su agente en el Área del Pacífico Norte, Buckner respondía ante el comandante del Mando de Defensa Occidental, con base en San Francisco, general de división John L. DeWitt, quien era responsable de la defensa de Alaska y del Canadá Occidental. Cualquier diferencia entre Nimitz y DeWitt debería ser trasladada a la Junta de Jefes de Estado Mayor (JUJEM) en Washington para su resolución. El 1 de Junio de 1942, la fuerza militar norteamericanas en Alaska consistía en 45.000 hombres, de los cuales unos 13.000 se hallaban en Cold Bay, en el extremo de la Península de Alaska, y en dos bases en las Aleutianas: las instalaciones navales de Dutch Harbor en la isla de Unalaska, 200 millas al Oeste de Cold Bay, y la recién construida base aérea del Ejército (Fort Glenn) 70 millas al Oeste de la estación naval de la isla de Umnak. La fuerza del Ejército, descontado el personal de las Fuerzas Aéreas, en estas tres bases no sobrepasaba los 2.300 hombres, principalmente infantería, artillería de campaña y anti-aérea, y un enorme contingente de ingenieros, que habían sido movilizados apresuradamente para la construcción de bases. A la llegada de Theobald a Kodiak, este asumió el control de la 11ª Fuerza Aérea del Cuerpo Aéreo del Ejército, al mando del general de brigada (más tarde general de división) William C. Butler. Esta fuerza consistía en 10 bombarderos pesados y 36 medios y 95 cazas, repartidos entre su base principal, Elmendorf Airfield, en Anchorage, y los aeródromos de Cold Bay y Umnak. Theobald encargó a Butler localizar la flota japonesa que se decía avanzaba hacia Dutch Harbor y atacarla con sus bombarderos, concentrándose en hundir los dos portaviones de Hosoyaga. Una vez eliminados los aviones enemigos, el Grupo Operativo 8 combatiría contra la flota enemiga y la destruiría. En la tarde del 2 de Junio un avión de la patrulla naval localizó la flota enemiga aproximándose, informando que se hallaba 800 millas al Suroeste de Dutch Harbor. Theobald dio la alarma general. Poco después el tiempo empeoró, y no hubo más avistamientos ese día. A primera hora del día siguiente, a pesar de la densa niebla y la gruesa mar, Hosoyaga lanzó algunos de sus aviones para atacar Dutch Harbor. Tan sólo la mitad alcanzaron su objetivo. El resto o bien se desorientaron con la niebla y la oscuridad y cayeron al mar o regresaron a sus portaviones. 17 aviones localizaron la base naval, comenzando el ataque a las 0545. Mientras los pilotos japoneses buscaban blancos que atacar se vieron envuelto en un intenso fuego anti-aéreo y al poco aparecieron los cazas norteamericanos enviados desde Fort Glenn en la isla de Umnak. Asustados por la respuesta norteamericana, soltaron con prontitud las bombas, hicieron una pasada de ametrallamiento y marcharon hacia sus portaviones. A resultas de las prisas hicieron poco daño a la base. Pero la flota de Hosoyaga permanecía sin ser detectada, y los aviones americanos basados en Cold Harbor no habían recibido ninguna orden por un fallo en las comunicaciones. Al día siguiente los japoneses volvieron a Dutch Harbor. Esta vez los pilotos japoneses estaban mejor organizados y mejor preparados. Cuando el ataque acabó al atardecer, los tanques de combustible de la base se hallaban en llamas, parte del hospital había sido demolido y un barco-barracón varado dañado. Aunque los pilotos norteamericanos habían finalmente localizado los portaviones japoneses, los intentos por destruirlos fueron inútiles. Al volver a empeorar el tiempo se perdió todo contacto con la flota enemiga. La incursión japonesa costó 43 vidas, de las cuales 33 eran militares. Hubo 64 heridos. Se derribaron once aviones norteamericanos por diez japoneses.  Durante estos dos días de combate, el Grupo Operativo 8 había permanecido al Sur de la isla de Kodiak, sin tomar parte en la acción. No fue hasta el día 5 que Theobald lo enviara a investigar un informe sobre presencia de buques enemigos en el Mar de Bering dirigiéndose al Sur hacia la isla de Unalaska, lo que interpretaba como una fuerza de desembarco para tomar Dutch Harbor. Mientras tanto dio a Butler instrucciones de atacar las naves enemigas con todos los aviones disponibles. La rápida aparición de nubes en la zona donde se había informado de la presencia de los buques enemigos evitó que los pilotos de Butler los localizaran. Seis bombarderos B-17 Flying Fortress recientemente asignados y equipados con radar informaron haber conseguido impactos sobre buques enemigos, más tarde se comprobó que eran las deshabitadas islas Pribilof, al Norte de Dutch Harbor. Mientras el Grupo Operativo 8 entraba en el Mar de Bering, la flota de Hosoyaga navegaba hacia el Sur para unirse a Yamamoto, que había sufrido la pérdida de sus cuatro portaviones de ataque frente a Midway. Incapaz de atraer a la flota de superficie norteamericana dentro del alcance de sus acorazados, Yamamoto ordenó a su flota volver al Japón. En vez de dejar que la Flota del Área Norte se le uniera, Yamamoto ordenó a Hosoyaga regresar a las Aleutianas, cumplir con su misión original, y, por lo tanto, obtener un éxito que ayudara a compensar el desastre de Midway. Renunciando al planeado ataque sobre Adak, Hosoyaga navegó directamente a las Aleutianas Occidentales, ocupando Kiska el 6 de Junio y Attu al día siguiente. No encontró oposición en ninguna de las dos islas, pero a la opinión pública japonesa se le dijo que fue una gran victoria. Para que supiera del desastre de Midway tendría que esperar a que acabara la guerra. En el Cuartel General Imperial japonés, la noticia de la gran derrota de Yamamoto provocó el envío de dos portaviones desde Japón para reforzar a Hosoyaga. Habiendo anticipado correctamente el siguiente movimiento de Nimitz – el envío, el día 8, de sus dos portaviones a destrozar la flota de Hosoyaga - el Cuartel General Imperial vio una oportunidad de inmovilizar la Flota Norteamericana del Pacífico eliminando sus únicos portaviones. Cuando Nimitz supo de la captura de Kiska, dio contraorden. No deseando arriesgarse a perder sus únicos portaviones en el Pacífico por aviones basados en Kiska, y posiblemente informado de que Hosoyaga dispondría pronto de cuatro portaviones a su disposición en el Pacífico Norte, decidió retener sus portaviones para que encabezaran un avance en el Pacífico Central. Para los japoneses, Kiska sin Midway no tenía ningún valor para patrullar el océano entre los archipiélagos aleutiano y hawaiano, pero Kiska y Attu bloquearían la posibilidad de que los norteamericanos usaran las Aleutianas como ruta para lanzar una ofensiva sobre Japón. Originalmente tenían la intención de abandonar las islas antes de que llegara el invierno, pero los japoneses prefirieron quedarse y construir aeródromos en ambas islas. Aunque los generales Buckner y DeWitt se hallaban a favor de una aproximación hacia el Japón por el Norte a través de las Aleutianas, el auténtico motivo para recuperar las dos remotas islas fue principalmente psicológico – eliminar la única conquista japonesa de suelo norteamericano en el Hemisferio Occidental. A mediados de Junio la Junta de Jefes de Estado Mayor estuvo de acuerdo con que cuanto antes se hiciese un esfuerzo contundente para echar a los japoneses de las Aleutianas, menores serían los recursos necesarios para hacerlo. También especularon con que el ataque sobre las Aleutianas y la conquista de sus islas más occidentales pudiera ser parte de una acción de contención usada como pantalla para encubrir un avance de las fuerzas japonesas sobre las provincias marítimas de Siberia y la Península de Kamchatka. Como consecuencia, informaron a Theobald y a Buckner de sus sospechas de un posible ataque de los japoneses a la Unión Soviética que incluiría la ocupación de la isla de Saint Lawrence en el Mar de Bering y el cercano Cabo Nome, con sus aeródromos, en Alaska. En apoyo de la posibilidad de una invasión de Alaska se hallaban los informes sobre una flota japonesa operando en el Mar de Bering. Solamente el 20 de junio tres avistamientos distintos informaban de una flota enemiga operando entre las Pribilof y Saint Lawrence, sugiriendo que tanto un ataque enemigo o una invasión eran inminentes, con el Cabo Nome como posible objetivo. Como resultado, una sensación de urgencia, bordeando el pánico, se extendió y provocó lo que sería el primer puente aéreo masivo de la historia de EE UU. En 36 horas, tanto aviones militares como civiles trasladaron unas 2.300 tropas al Cabo Nome, así como artillería de campaña y anti-aérea y muchas toneladas de equipo y suministros. No fue hasta primeros de Julio – cuando la inteligencia norteamericana informó con cierta seguridad de la partida de la flota de Hosoyaga del Mar de Bering – que la amenaza de una invasión de Alaska se dio por desaparecida, permitiendo la redistribución de muchas de las tropas reunidas apresuradamente en el Cabo Nome. Fieles al deseo de la JUJEM de moverse rápidamente para reconquistar Kiska y Attu, Theobald y Buckner accedieron a establecer una serie de aeródromos al oeste de Umnak desde los cuales los bombarderos podrían lanzar ataques contra la más cercana de las islas en manos japonesas, Kiska. La primera en ser ocupada fue Adak, a 400 millas de Umnak. Desembarcando sin oposición el 30 de Agosto, 4.500 efectivos del Ejército aseguraron la isla. Los ingenieros completaron un aeródromo en dos semanas, una actuación reseñable que se verían obligados a realizar una y otra vez durante la campaña. El 14 de Septiembre bombarderos pesados B-24 despegaron de Adak para atacar Kiska, a 200 millas. Los repetitivos bombardeos sobre Kiska durante el verano y el otoño convencieron a los japoneses de que los estadounidenses pretendían recuperar la isla. Por ello, para Noviembre habían aumentado las guarniciones de Kiska y Attu a 4.000 y 1.000 hombres respectivamente. Durante los meses de invierno los japoneses contarían con la oscuridad y el habitual mal tiempo para protegerse de cualquier ataque serio. Aunque continuamente supeditada a la mayor importancia y acuciantes necesidades de las campañas de las Salomón y Nueva Guinea, el reforzamiento del Ejército Estadounidense del Mando de Alaska continuó, alcanzando la cifra de 94.000 efectivos en Enero de 1943. Para entonces 13 bases más se habían construido en Alaska, la mayoría de ellas en las Aleutianas. Mediante un desembarco sin oposición del Ejército en la isla de Amchitka el 11 de Enero, las fuerzas del Mando de Alaska estaban ya a tan sólo 50 millas de Kiska. Solamente sobrevivir al clima en Amchitka era un reto. Durante la primera noche en tierra, un “willowaw” ( una violenta borrasca) destrozó muchas de las lanchas de desembarco y embarrancó un transporte de tropas. El segundo día una ventisca cubrió la isla de nieve, granizo y un viento cortante. Al cabo de dos semanas amainó lo suficiente como para permitir a un avión de exploración japonés localizar la cabeza de playa en Amchitka. Aunque continuamente bombardeada y ametrallada desde Kiska, los ingenieros continuaron trabajando en un aeródromo para Amchitka, completándolo a mediados de Febrero. Entonces los ataques japoneses disminuyeron drásticamente.  A medida que las fuerzas norteamericanas se acercaban a Kiska y Attu, el abastecimiento de estas dos guarniciones enemigas se hizo más complicado. A mediados de Marzo, el contra-almirante Thomas C. Kinkaid, que había sustituido al almirante Theobald en Enero, estableció un bloqueo naval alrededor de las islas que dio como resultado el hundimiento o huida de numerosos buques de aprovisionamiento enemigos. Cuando una gran fuerza japonesa, al mando del almirante Hosoyaga, intentó romper el bloqueo con tres enormes transportes cargados con suministros y escoltados por cuatro cruceros pesados y cuatro destructores el 26 de Marzo, tuvo lugar la mayor batalla naval de toda la Campaña de las Aleutians, más recordada por ser la última y más larga acción de superficie a pleno día. Conocida como la Batalla de las islas Komandorski, las más cercanas de las islas del Mar de Bering a la acción, la menos potente fuerza estadounidense obligó a Hosoyaga a retirarse sin cumplir con su misión, lo que costó el pase a la reserva a Hosoyaga1. Desde este momento las guarniciones de Attu y Kiska sólo podrían contar con los escasos suministros transportados por submarinos. De las dos islas, la de Kiska era la de mayor importancia militar. Poseyendo el único aeródromo operativo y el mejor puerto, se decidió capturarla en primer lugar. A tal propósito, Kinkaid solicitó una división reforzada de infantería (25.000 hombres). Si no hubiera suficiente transporte naval para dar apoyo a semejante fuerza, recomendó cambiar de objetivo, indicando que Attu estaría defendida por no más de 500 hombres, en Kiska suponían habría unos 9.000. Si las estimaciones eran correctas sólo sería necesario un regimiento para completar la tarea. Kinkaid también hizo notar que tropas norteamericanas basadas en Attu interrumpirían las líneas de comunicación japonesas y se hallarían en situación de cortar los suministros y refuerzos hacia Kiska, que con el tiempo se “caería de madura”. Tras obtener el uno de Abril la aprobación de la JUJEM para la operación sobre Attu (nombre en clave: SANDCRAB) y conseguido el transporte necesario, comenzó el trabajo para recuperar la pequeña y neblinosa isla del extremo más occidental del archipiélago de las Aleutianas. Attu tiene 35 millas de largo por 15 de ancho, con montañas cubiertas de nieve que se elevan hasta los 3.000 pies. Suaves desniveles conducen desde las cumbres hasta los desarbolados valles, alfombrados de turba, un “negro estiércol” cubierto por una densa capa de líquenes y musgo. Puesto que la Corriente del Japón tiene un ligero efecto sobre su temperatura, la mayoría del tiempo en las Aleutianas exteriores la turba es apenas capaz de permitir el avance de un hombre a pie. La misma corriente influye en las espesas nieblas, en la constante humedad, y en las frecuentes tormentas que hacen estas islas inhóspitas2 Kinkaid, comandante de Fuerza del Pacífico Norte, reunió una armada impresionante para apoyar la invasión. Además de una fuerza de ataque compuesta por tres acorazados, un portaviones de escolta y siete destructores que darían cobertura y fuego de apoyo a la fuerza de desembarco del Ejército, tenía dos grupos de descubierta, formados por numerosos cruceros, destructores y submarinos, para detectar cualquier movimiento de la Flota del Área Norte japonesa. Reforzando este contingente naval, la 11ª Fuerza Aérea suministró 54 bombarderos y 128 cazas a la operación, reteniendo un tercio de la fuerza de bombardeo para usarla contra los buques de la flota japonesa. A comienzos de la fase de la planificación, la inteligencia norteamericana actualizó sus estimaciones sobre la fuerza enemiga en Attu triplicando su inicial cálculo de 500 hombres, provocando la solicitud de fuerzas adicionales. Puesto que Buckner sólo disponía de un regimiento esparcido por toda Alaska, el Departamento de Guerra suministró las tropas necesarias del Mando de Defensa Occidental de DeWitt, seleccionando a la 7ª División de Infantería, entonces estacionada en Fort Ord, California, como la unidad que asaltaría Attu. Entrenada como unidad motorizada y previsto su envío a servir en los desiertos del norte de África, la 7ª División informó estar en un alto grado de preparación; por su localización cerca de la costa, podría rápidamente ser entrenada en los asaltos anfibios necesarios para su nueva misión. Completado este entrenamiento durante el mes de Abril de 1943, los hombres de la división embarcaron en San Francisco con su comandante, el general de división Albert E. Brown. Llegando al barrido por los vientos y parcialmente nevado Fort Randall (Cold Bay) el día 30, las tropas pasaron los siguientes cuatro días en los abarrotados transportes. El frío y húmedo clima aleutiano estaba muy lejos de las cálidas playas californianas que acababan de abandonar. Dada la carencia de equipamiento para climas fríos, la mayoría de las tropas entrarían en combate con el uniforme normal. Mientras los oficiales superiores temían los sufrimientos que el clima provocaría en las tropas, la mayoría creía que en tres días se acabaría la batalla por Attu, sobre todo desde que al apoyo naval para los desembarcos se le unieron tres acorazados así como varios cruceros y destructores. Tres semanas antes había comenzado un bombardeo conjunto aero-naval tanto en Attu como en Kiska, pero prácticamente se habían limitado a Kiska, por las continuas nieblas que cubrían Attu. El mal tiempo hizo que Kinkaid retrasara la salida de la fuerza de invasión de Cold Bay al cuatro de Mayo, un día después de lo previsto, y las tormentas y la escasa visibilidad según se acercaba el convoy a Attu forzó un nuevo retraso hasta el día 11. El mal tiempo también redujo drásticamente los ataques navales y aéreos contra Attu. A pesar de la persistente niebla, el ya muy retrasado asalto comenzó el 11 de Mayo en puntos muy separados de la zona este de la isla. Antes del amanecer la 7ª Compañía de Exploradores desembarcó desde submarinos en una pequeña playa (Playa SCARLET), nueve millas al oeste de Chichagof Harbor, ubicación del mayor contingente japonés y objetivo final del general Brown. Sin encontrar oposición, la compañía de exploradores avanzó tierra adentro. A mediodía, las fuerzas de reconocimiento de la 7ª División (excepto una sección) desembarcaban en SCARLET y avanzaban para unirse a la compañía de exploradores. Tras su agrupamiento, lo que constituyó un batallón provisional, ocuparon la entrada del valle, donde un paso daba acceso a uno de los valles que conducían a Holtz Bay. Mientras tanto, en el extremo occidental de Holtz Bay, el 1er Batallón del 17º de Infantería desembarcaba en Playa RED. Si el 1er batallón encontraba oposición al avanzar sobre su primer objetivo, unas colinas gibosas denominadas “Cota X”, el batallón provisional atacaría al enemigo por la retaguardia.  Los hombres del 1er Batallón, tras sortear una aproximación tachonada de rocas en las lanchas de desembarco, debían escalar una escarpadura que comenzaba a unas 75 yardas de la orilla y se elevaba entre 200 y 250 pies sobre la playa. Desde aquí comenzaron su duro descenso hacia el este de a Holtz Bay prácticamente sin oposición hasta las 1800 horas, cuando un intenso fuego enemigo paró su avance cerca de la Cota X. Cuando el 1er Batallón desembarcó en Playa RED, se realizó el ataque principal en Massacre Bay a cargo de los equipos de combate del 2º y 3er Batallón del 17º Regimiento, que sin oposición desembarcaron en las Playas BLUE y YELLOW, aproximadamente a unas seis millas al sur de Chichagof Harbor. Si el desembarco no se hubiera pospuesto por la densa niebla y la mala mar, un tercer equipo de combate – el 2º Batallón del 32º Regimiento de Infantería, asignado al 17º Regimiento – también hubiera desembarcado. Como se retrasó, esta unidad permaneció embarcada hasta el día siguiente. Enlentecidos por la resbaladiza turba, el 2º y 3er Batallón avanzaban a trompicones Valle Massacre arriba. Ambos batallones empezaron a recibir fuego a las 1900 horas; ocupando parte de la cordillera que daba al valle y en pozos de tirador parcialmente cubiertos por la fina neblina, el enemigo les obligó a echarse a tierra. Los intentos por parte del 3er Batallón, en la izquierda (suroeste), de alcanzar el Paso Jarmin, objetivo regimental en la salida del valle, fallaron, ocasionado numerosas bajas. (Una sección de las fuerzas de reconocimiento de la 7ª División hizo un desembarco secundario en Alexei Point, y se unió al cuerpo principal en Massacre Bay sin oposición.) La niebla, que había dificultado los desembarcos, también sirvió para encubrir a los atacantes. No fue hasta media tarde que el comandante japonés, coronel Yasuyo Yamazaki, ordenó a sus hombres abandonar sus cuevas y ocupar las defensas preparadas alrededor de Chichagof Harbor, una línea que se extendía desde la Cota X en el brazo oeste de Holtz Bay, pasaba por el Paso Jarmin en el suroeste y giraba al este hacia Sarana Bay. Cuando el general Brown desembarcó en Massacre Bay al final del Día-D, la situación táctica estaba lejos de ser clara, pero la información disponible no indicaba que una larga batalla se fuera a librar. A las 2100 horas, cinco horas después de los desembarcos principales, había un total de 3.500 hombres en tierra; 400 en Playa SCARLET, 1.100 en Playa RED, y 2.000 en las Playas BLUE y YELLOW. En el frente norte, el 1er batallón se hallaba cerca de la Cota X y en próximas 24 horas el 32º Regimiento, con sus Batallones 1º y 3º, llegaría desde Adak. En el sector sur, el 2º Batallón del 17º Regimiento informó estar a 1.000 yardas del Paso Sarana, y el 3er Batallón comunicó hallarse a unas 600 yardas del Paso Jarmin. Al día siguiente, el 2º Batallón del 32º Regimiento, aún en los transportes en Massacre Bay, desembarcaría para reforzar al 17º Regimiento. Si fueran necesarias fuerzas adicionales, el general Buckner había accedido a ceder el 4º Regimiento de Infantería, una unidad alascana, desde la isla de Adak. Considerado el conjunto, no era descabellado suponer que en pocos días Attu sería tomada. Al día siguiente, con apoyo aéreo y naval, los hombres de Brown continuaron su avance en ambos frentes hacia el Paso Jarmin. Los asaltos frontales a cargo del 17º de Infantería no lograron prosperar. Mientras las patrullas trataban de descubrir las posiciones enemigas, el 2º Batallón del 32º de Infantería desembarcaba en Massacre Bay. En el sector norte, el 1er batallón, encontrando al enemigo bien fortificado en la Cota X, hizo un doble envolvimiento que le permitió alcanzar la cresta de la colina, pero los japoneses se mantenían firmes en la contracuesta. Esa noche el primer parte de bajas de la operación reveló que 44 norteamericanos habían muerto desde que comenzara la invasión. Los subsiguientes esfuerzos de la fuerza de Massacre Bay el día 13 por tomar el Paso Jarmin volvieron a fracasar, incluso con la llegada del 2º Batallón, 32º de Infantería, como refuerzo para el 3er Batallón del 17º Regimiento. Mientras las bajas estadounidenses aumentaban, las posiciones del frente permanecían prácticamente iguales a las del Día-D. Feroces y costosos combates se desarrollaban en el norte mientras el enemigo trataba de desalojar al 1er Batallón de la Cota X, pero la cresta permanecía firmemente en manos norteamericanas al caer la noche. El 3er Batallón, 32º Regimiento, ya había desembarcado en Playa RED y avanzaba para reforzar al duramente presionado 1er Batallón en la Cota X. El cañoneo naval y el apoyo aéreo continuaron mientras las condiciones climatológicas lo permitieron. El tiempo y el enemigo continuaban impidiendo el avance norteamericano. A pesar de que los buques de superficie bombardearon todas las posiciones enemigas de las que eran informados durante el día 14, el apoyo aéreo cercano se vio muy entorpecido por la constante bruma que envolvía la isla. En un intento de precipitar la caída del Paso Jarmin, Brown ordenó un ataque combinado con las Fuerzas de Desembarco Norte y Sur, ya con tres batallones cada una. Mientras la Fuerza de Desembarco Sur presionaba Valle Massacre arriba para tomar el paso, la Fuerza de Desembarco Norte debería desalojar al enemigo de la contracuesta de la Cota X, continuar para tomar la Cordillera Moore y coger el Paso Jarmin por la retaguardia. Ambos ataque rápidamente se estancaron. En el sector norte el batallón provisional que había desembarcado el Playa SCARLET permanecía clavado, incapaz de romper el frente y alcanzar al inmovilizado 1er Batallón del 17º, y cuando el 3er Batallón, 32º Regimiento, fue incapaz de alcanzar sus posiciones de asalto a tiempo Brown canceló el ataque combinado. Esa tarde en un informe a sus superiores, resumió los cuatro días de lucha, concluyendo que “el avance por los pasos, a menos que seamos extremadamente afortunados, será lento y costoso, y requerirá más tropas de las que en este momento se hallan bajo mi mando.” Al día siguiente, día 15, el éxito siguió rehuyéndoles hasta las 1100 horas, momento en que la niebla se disipó en el sector norte y reveló que el enemigo se había retirado hacia la Cordillera Moore, en el centro del Valle Hotlz, dejando atrás comida y municiones. La retirada de los japoneses permitió al batallón provisional contactar con los dos batallones de la Cota X. Mientras los hombres de la Fuerza de Desembarco Norte entraban en el valle en persecución del enemigo, un cielo relativamente claro permitió a los japoneses que ocupaban la Cordillera Moore hacer un certero fuego sobre ellos. Frenados por este fuego, la persecución se dio por terminada cuando por error un ataque aéreo alcanzó a las tropas estadounidenses que avanzaban. En Adak, puesto de mando avanzado del almirante Kinkaid y del general DeWitt, los informes sobre la situación en Attu eran desalentadores. A Kinkaid le preocupaba especialmente la expuesta posición de las naves que daban apoyo a Brown. Un submarino japonés había atacado (sin éxito) uno de los tres acorazados de Kinkaid, y eran persistentes los informes sobre una flota japonesa que llegaría para abortar los desembarcos. Como resultado, Brown fue informado de que la Armada retiraría sus buques de apoyo el día 16,o a más tardar el 17, dejándole desprotegidas las playas y con una importante merma en su fuego de apoyo. Los problemas de comunicación entre Brown y Kinkaid y DeWitt, estos a más de 400 millas, las continuas solicitudes de refuerzos – la última el día 15 de parte del 4º Regimiento de Infantería de Buckner –, un extenso informe solicitando grandes cantidades de ingenieros y de material para la construcción de carreteras, y la falta de cualquier atisbo de un rápido avance en Attu convencieron a Kinkaid de que Brown se había estancado. Consultados Buckner y DeWitt, ambos accedieron a reemplazar a Brown. Con la recomendación de estos, Kinkaid designó al general de brigada Eugene M. Landrum para que tomara el mando en Attu el día 16. Un avance de la Fuerza de Desembarco Norte rompió el punto muerto en que se hallaban el mismo día en que Landrum asumía el mando. La toma del extremo norte de la Cordillera Moore provocó la rápida conquista de toda la cordillera. Los japoneses, superados ampliamente en número y en peligro de ser atacados por la retaguardia, se retiraron esa noche (16-17 de Mayo) hacia Chichagof Harbor para una resistencia final. Mucho antes del amanecer, tropas del 32º Regimiento en el sector norte avanzaron y con la luz del día descubrieron que el enemigo se había retirado. Las patrullas informaron que el brazo este de Holtz Bay estaba libre de tropas enemigas, permitiendo el tan necesitado aprovisionamiento por mar. En ese momento, el 17º Regimiento en el sur (en Valle Massacre) también encontró las anteriormente ocupadas posiciones defensivas abandonadas, y ocupó el Paso Jarmin.  La retirada de los japoneses a Chichagof Harbor, seguido de la unificación de las tropas estadounidenses el día 18 supusieron el punto de inflexión de la batalla. Aunque quedarían otras dos semanas de duros y costosas combates, la incertidumbre y frustración de los primeros días en Attu no volverían a repetirse. Fue un trabajo lento eliminar los nidos de ametralladoras y morteros dejados por los japoneses en su retirada, pero la fuerza combinada norteamericana, reforzada con un batallón del 4º de Infantería, tejió una red alrededor de Chichagof Harbor. El final llegó la noche del 29 de Mayo, cuando la mayoría de los japoneses supervivientes, entre 700 y 1.000, cargaron alocadamente entre las líneas estadounidenses, aullando, matando, y haciéndose matar. Al día siguiente el enemigo anunció la pérdida de Attu y unidades norteamericanas limpiaron las bolsas de resistencia. Aunque las operaciones de limpieza continuaron durante varios días, la resistencia organizada acabó con la carga salvaje del día 29, y Attu regresó de nuevo a manos americanas. Los estadounidenses informaron de la localización de 2.351 enemigos muertos en la isla; algunos cientos se calculó que habrían sido enterrados por los japoneses en las colinas. Tan sólo 28 japoneses se rindieron. De una fuerza norteamericana que totalizaba más de 15.000 hombres, 549 resultaron muertos, otros 1.148 heridos y unos 2.100 puestos fuera de combate por enfermedades y heridas no relacionadas con la lucha. El pie de trinchera fue la afección más común. La mayoría de las bajas no relacionadas con el combate fueron casos de exposición a condiciones climáticas extremas, víctimas del clima y de la inadecuada vestimenta. Teniendo en cuenta la experiencia de Attu, Kinkaid trató de asegurarse de que el asalto final en las Aleutianas, contra Kiska, fuera realizado con tropas mejor equipadas y más fogueadas. Para la inminente invasión sus tropas de asalto calzado y ropas más adecuadas para el clima polar, las parkas sustituyeron a las chaquetas y el calzado ártico a las botas de cuero. La fuerza de desembarco se formaría tanto con veteranos de Attu como con tropas entrenadas en Adak para el tipo de lucha desarrollado en Attu. La inteligencia norteamericana había actualizado sus primeras estimaciones sobre la fuerzas en Kiska a unos 10.000 hombres. En concordancia con este incremento, Kinkaid consiguó que su comanadante para las fuerzas terrestres, el general de brigada Charles H. Corlett del Ejército Estadounidense, recibiera 34.426 efectivos, incluyendo 5.000 canadienses, más del doble de la fuerza original contemplada en el plan de primeros de año. Con el nombre en clave de COTTAGE, la operación debería comenzar el 15 de Agosto, en una isla de 3 a 4 millas de ancho con una cordillera alta e irregular que dividía sus 22 millas de largo y con un volcán apagado en su extremo norte.Los japoneses tan sólo habían ocupado la parte centro-oriental de la isla, ubicando su base principal y el aeródromo en Kiska Harbor. Mantenían pequeñas guarniciones en la isla Pequeña Kiska y en el sur el puerto natural de Gertrude Cove. A diferencia de Attu, Kiska fue sometida a un fuerte bombardeo antes de la invasión. Reforzada durante Junio y operando desde nuevos aeródromos (en Attu y en la cercana Shemya), la 11ª Fuerza Aérea dejó caer un total de 424 toneladas de bombas en Kiska durante Julio. Durante el mismo mes, un poderoso grupo naval lanzó 330 toneladas de granadas sobre la isla. El bombardeo conjunto aero-naval continuó durante Agosto, interrumpido solamente por el mal tiempo. A finales de Julio, la mayoría de los pilotos empezaron a informar sobre la falta de actividad enemiga en la isla, aunque algunos informaron haber sido atacados por fuego antiaéreo ligero. Estos informes indujeron a pensar a los analistas de inteligencia que los japoneses de Kiska habían sido evacuados (como había ocurrido en Guadalcanal seis meses antes) o trasladados a las colinas. Convencido de que esta última opción era la más probable, Kinkaid ordenó el ataque según lo previsto, haciendo notar que si los japoneses no estaban allí los desembarcos se convertirían en “un gran ensayo general, útil para el entrenamiento”, y que el único desastre previsible sería una sensación de decepción de las muy nerviosas tropas. Partiendo de Adak, plataforma de lanzamiento de la invasión, una fuerza anfibia de unas 100 naves avanzó hacia Kiska, llegando a la isla a primeras horas del 15 de Agosto. A diferencia de la intensa niebla encontrada en Attu en Día-D, la mar estaba extrañamente tranquila y el día era inusualmente claro. Tras simular un desembarco en Gertrude Cove en la zona este de la isla, los hombres de Corlett desembarcaron en la parte oeste; para las 1600 horas un total de 6.500 efectivos estaban en tierra. Al día siguiente tropas canadienses tomaron tierra en otra playa más al norte. Al igual que en Attu, los desembarcos se realizaron sin oposición. Según avanzaban tierra adentro, el clima volvió a su habitual densa niebla y vientos y lluvias heladoras. Los veteranos de la campaña de Attu esperaban que el enemigo se hallara agazapado en los altos dispuesto a abrir fuego.  Los únicos cañones que abrieron fuego fueron los norteamericanos para batir tropas propias por error: principalmente por esto, las bajas durante los cuatro primeros días de la operación fueron 21 muertos y 121 enfermos y heridos. La Armada tuvo 70 muertos o desaparecidos y 47 heridos cuando el destructor Amner Read golpeó una mina el 18 de Agosto. En el momento en que el registro de la isla, incluyendo millas de túneles, acabó, las bajas estadounidenses se elevaron a 313 hombres. Los aliados habían atacado una isla deshabitada. Toda la guarnición enemiga, 5.183 hombres, se había evaporado sin ser vista. Para completar el despropósito, la evacuación de Kiska se había llevado a cabo el 28 de Julio, casi tres semanas antes del desembarco aliado. El plan original del Cuartel General Imperial japonés había sido retirar gradualmente la guarnición en submarinos, pero esta idea hubo de abandonarse a finales de Junio puesto que la mayoría de los submarinos asignados a la misión se habían perdido o estaban dañados. Los japoneses también temían que el debilitar la guarnición gradualmente durante un periodo largo de tiempo hiciera fracasar la operación. Fue entonces cuando decidieron evacuar toda la fuerza de una sola vez, en un solo viaje, usando cruceros y destructores como transportes. La fecha, primeramente establecida para principios de Julio, fue pospuesta hasta el 28 del mismo. Entre esta fecha y el Día-D, Kiska se había hallado bajo ataque y constantemente vigilada por unidades navales norteamericanas y por la 11ª Fuerza Aérea, pero los erróneos informes de fuego anti-aéreo y de actividad japonesa – que observadores poco experimentados reportaron – no fueron cuestionados. La sorpresa se había conseguido, pero esta vez no fueron los japoneses los sorprendidos3. El 24 de Agosto de 1943, Corlett declaró la isla segura, marcando el final de la Campaña de las Islas Aleutianas. A finales de año el número de tropas estadounidenses y canadienses en Alaska descendería de 144.000 a 113.000. Para entonces el Área del Pacífico Norte estaba de nuevo completamente bajo control del Ejército. Durante 1944 los canadienses se marcharían y la fuerza del Ejército en el Mando para la Defensa de Alaska bajaría a 63.000 hombres. Aunque el interés en este teatro decayó, fue en las Aleutianas donde los Estados Unidos obtuvieron su primera victoria de ámbito operacional durante la Segunda Guerra Mundial, abortando la única campaña del Japón en el Hemisferio Occidental. Análisis Al echar a los invasores japoneses de las Aleutianas, el objetivo había sido parcialmente eliminar una potencial amenaza militar pero principalmente erradicar un mal psicológico. El avance japonés en el Hemisferio Occidental había sido parado. Desde Junio de 1942 los japoneses habían amenazado el flanco norte de EE UU. 14 meses después era cierto lo contrario, aunque la idea de utilizar las Aleutianas Occidentales como trampolín hacia el Japón no tuviera ningún respaldo oficial. El general DeWitt y otros generales reclamaban de vez en cuando un asalto por esta ruta sobre las Islas Kuriles, pero comprometidos en otros teatros y con el deseo de la URSS de que su neutralidad con Japón no se viera amenazada, la propuesta siempre se denegó. Desde la perspectiva japonesa, sin embargo, la amenaza persistía. Las aburridas tropas norteamericanas estacionadas durante los dos últimos años de guerra en las Aleutianas no intervinieron. Pero los devastadores ataques de la 11ª Fuerza Aérea desde bases en las Aleutianas contra las Kuriles durante este periodo obligaron al Cuartel General Imperial a mantener en la zona una enorme fuerza defensiva que, hacia el final de la guerra, representaría un sexto de su fuerza aérea. El plato fuerte de la campaña fue la batalla de Attu. En términos de fuerzas enfrentadas, Attu se eleva a uno de los asaltos más costosos del Pacífico. Por cada 100 enemigos presentes en la isla, unos 71 estadounidenses fueron muertos o heridos. El coste de tomar Attu tan sólo se haya detrás de Iwo Jima. A modo de consuelo, la invasión de Rendova en las Salomón fue un éxito gracias a la lucha por Attu. En un intento tanto de reforzar como de evacuar Attu, el Cuartel General Imperial había ordenado a la 5ª Flota al norte de Truk dirigirse en Mayo a las Aleutianas Occidentales, reduciendo enormemente los efectivos presentes en la zona de las Salomón. Mientras que la flota nunca alcanzó las Aleutianas, su ausencia en las Salomón permitió unos desembarcos sin apenas oposición en Rendova. Alertado por la feroz lucha en Attu, el almirante Kinkaid procuró evitar los mismos errores en Kiska. Aunque todo el ataque tres meses después sobre la desierta isla fue un fracaso, la detallada planificación para Kiska valió el esfuerzo. Las lecciones aprendidas por el Ejército sobre la preparación y el equipamiento de las tropas para sobrevivir a los rigores del combate en climas extremos y terreno montañoso se probaron beneficiosas para la campaña italiana. Muchas técnicas de guerra anfibia desarrolladas durante los desembarcos en Attu se refinaron para Kiska y fueron ampliamente mejoradas y aplicadas en posteriores operaciones anfibias en el Pacífico. En un sentido la marcha de los japoneses de Kiska sin pegar un tiro fue una desgracia. Dio a los comandantes norteamericanos la falsa impresión de lo que se podría esperar del enemigo cuando los pronósticos estuvieran claramente en su contra. En vez de luchar hasta la muerte, como en Attu, se habían desvanecido en la niebla sin combatir. Pero Attu, y no Kiska, iba a ser el patrón para las futuras batallas contra los japoneses. (Artículo originalmente publicado en forma de folleto por el Centro de Historia Militar del Ejército de los Estados Unidos) (Traducido por McLarry) 1 Nota del traductor: La flota norteamericana, al mando del contra-almirante Charles H. McMorris, estaba compuesta por un crucero pesado, uno ligero y cuatro destructores. Fue la última batalla naval librada a cañonazos, sólo con alcance visual y sin ayuda de la aviación o submarinos. La decisión de Hosoyaga de retirarse, al parecer debida a andar corto de combustible y municiones, con apenas daños y sin rematar al crucero pesado Salt Lake City, muy dañado, y al destructor Bailey le costó el mando. En cambio a McMorris le supuso la Medalla de Servicios Distinguidos y convertirse en Jefe del Estado Mayor del almirante Nimitz. 2 Nota del traductor: El clima en Attu es el típico aleutiano: nublado, lluvioso, y brumoso. Los fuertes vientos ocurren de vez en cuando. Cinco o seis días a la semana es probable que sean lluviosos, y hay solamente cerca de ocho o diez días claros al año. El resto del tiempo, si no está cayendo lluvia, una niebla que varía en densidad es la regla más que la excepción. Hay 1000-1250 milímetros de precipitación anual, con las lluvias más fuertes en otoño y a comienzos del invierno. 3 Nota del traductor: Antes de que el capitán William Kirby de 32 años desembarcara del transporte de tropas Sacajawea en Port Hardy, Columbia Británica, el 12 de Enero de 1944, al oficial de artillería canadiense, estudiante de derecho y antiguo profesor de matemáticas en un instituto de Vancouver, se le ordenó devolver todo el equipo que los militares americanos le había entregado. Las armas americanas que él había utilizado, los uniformes americanos de asalto que él había usado, e incluso la pequeña insignia del 9º Grupo de Asalto Anfibio, un remiendo circular azul de paño usado en las mangas por todos los miembros de la Fuerza Expedicionaria Luz Verde, debía ser arrancada y devuelta. Era como si los americanos quisieran que los canadienses marcharan sin ninguna evidencia de la trágica vergüenza que fue la batalla de Kiska. Rhonda Roy en Esprit de Corp Magazine. |
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Escrito por: Granfali () on 21-03-2007 20:15