| Okinawa. El Laffey fue gravemente dañado el 16 de Abril por la explosión de 4 bombas, 5 impactos directos de aviones kamikaze y por 3 aviones más japoneses que se estrellaron contra el buque. |
Llegando a Okinawa durante la noche del 24-25 de Marzo, el Laffey participó en la captura de Kerama Retto, en el bombardeo previo a la invasión de Okinawa como apoyo cercano de los desembarcos iniciales y en una variedad de asignaciones hasta que fue gravemente dañado el 16 de Abril por el impacto de 4 bombas, 5 impactos directos de aviones kamikaze y por 3 aviones más japoneses que se estrellaron contra el buque.
Hasta entonces el buque había servido como “piquete” de radar durante dos días, había entablado fuego costero durante 5 días, había disparado sin parar durante dos noches y finalmente realizado acciones de pantalla de las unidades pesadas de la flota o haciendo patrullas. Fue en el piquete de radar número 1, 49 millas al norte de Okinawa que el Laffey sufrió daños importantes. El buque había relevado al J.W Ditter (DM 31) el 14 de abril, y el personal encargado de los cazas del Laffey habían asistido a la destrucción de 13 aviones japoneses tan pronto llegaron a la zona. El 15 de abril fue un día tranquilo, sin ataques de la aviación. Durante esta pausa, el Laffey recuperó los cuerpos y los restos de los aviones japoneses, incluyendo libros de código, notas, libros de reconocimiento y otros archivos. Antes de las 0820 del 16 de abril, 4 aviones enemigos se habían estrellado contra el agua en el combate debido a las labores de la patrulla aérea del Laffey. Entre las 0827 y las 0947 de ese día, el buque estuvo bajo el constante e incesante ataque de más de 50 aviones japoneses. Aunque nuestros cazas derribaron a muchos aviones enemigos, al menos 22 aviones japoneses continuaron con el ataque al buque, 9 fueron derribados por el fuego de nuestros cañones AA y algunos más impactaron contra el mar por el fuego combinado y el esfuerzo de los cañones AA y los cazas. El ataque acabó tan rápido como había empezado, y no se divisaron más aviones enemigos, lo que fue una verdadera suerte ya que la dirección del buque se atascó 26 grados a la izquierda. El Laffey sólo podía moverse en círculos, los incendios y las inundaciones no estaban del todo controlados, la base de los cañones gemelos de 5 pulgadas estaba destruida, así como 7 de los 11 20mm. Cuatro de los 12 cañones de 40mm estaban destruidos y lo que quedaba de poder de fuego en el barco sólo podía ser utilizado por control manual. Las bajas de personal alcanzaron los 103, con 32 muertos o desaparecidos. Cyril C. “Cy” Simonis Jr, encargado del sonar. Mi puesto de combate estaba normalmente en el equipo de sónar justo debajo del puente a lo largo de la sala de cartografía, y justo delante del CIC. Cuando el toque general sonó en la mañana del 16 de Abril, 1945, ahí es donde me reporté. No obstante, cuando supimos que el radar había captado a un gran grupo de señales algunas millas a lo lejos, se decidió asegurar la marcha del sónar. Mi puesto de batalla secundario estaba con el grupo de reparaciones. No recuerdo con quien compartí este trabajo pero recuerdo que nuestra primera asignación fue quitar los casquillos vacíos de debajo los cañones del 51 y 52. Fue un trabajo que casi me aterroriza. Antes de que fuera asignado al Laffey, mi puesto de combate había sido siempre con o dentro de la batería principal como aprendiz o observador del 5 pulgadas. Alguien de más arriba, en todo su infinita sabiduría decidió que los hombres sónar debían tener sus orejas protegidas de los ruidos fuertes, de otra manera no podrían ser capaces de escuchar el eco de los submarinos. Bajo mi punto de vista es mucho más tranquilo estar dentro de un cañón que fuera, especialmente bajo las descargas de los gemelos de 5 pulgadas. Mi mayor temor no obstante, era que estaba aterrorizado de pensar que podía morir sin tener nada a lo que poder devolver el disparo. Después de que los primeros 6 o 7 aviones enemigos hubieran realizado su ataque y fueran derribados, el daño era limitado. El radar SG estaba inutilizado y había daños de metralla en la base de los cañones del 51 y 52. La metralla impactó sobre algunos de los tripulantes de los cañones. Creo que es aquí cuando Joe Mele fue herido. Recuerdo ir abajo en busca de una manta para cubrirlo, y encontrar un colchón humeante dentro de su protección contra el fuego. Lo llevé arriba y lo lancé por la borda. Cubrí al herido con una manta. Mele tenía una herida en la espina dorsal y no se le podía mover, pero le hizo sentirse mejor. A nuestra sección de reparaciones se le ordenó reportarse en los alrededores de la base del cañón del 53 para ayudar a apagar los fuegos. Estaba apagando uno en un cañón de 2 pulgadas ½ cuando otro avión enemigo hizo una pasada de ametrallamiento. Sus balas recorrieron el casco de punta a punta. Todos nos tiramos a la cubierta y empezamos a gatear para alejarnos. La manguera antiincendios estaba lejos de mi y el fuego se estaba esparciendo por toda la cubierta. Creo que fue el avión número 11, el que se estrelló violentamente contra el lado de la base del cañón del 53 y mató a 6 hombres y al abanderado Jerry Sheets. Recuerdo dirigirme hacia allí justo a tiempo de ver como uno de nuestros Corsairs impactaba contra la antena SC en el tope del mástil, haciéndolo caer. Aterrizó a unos seis pies de Bill Kelly y yo. Para entonces, no pensaba que nada pudiera asustarme pero ese incidente lo hizo. Muchos años más tarde, hacia 1970, el jefe de torpedos Wayne Haley me dijo que él estaba junto a los tubos de torpedos. Sus ropas se habían prendido en llamas debido a la gasolina. Alguien le echó un montón de agua, tirándole al suelo y apagando el fuego. Llegamos a la conclusión que se salvó de quemarse vivo por la manguera que yo manejaba, o no. Él tenía heridas de metralla en las piernas y más adelante tuvieron que amputárselas. Otra ironía.
No recuerdo cómo o porqué estaba cerca de la base del cañón del 52, pero recuerdo ver a Fred Burgess con una pierna colgándole de un jirón de carne. Estaba pidiendo que alguien le ayudara. Dos de nosotros le bajamos por la escalera hacia el guardarropas. Dejamos a Burgess encima de la mesa, donde el Dr Matthew Darnell le aplicó un torniquete en su pierna. Salí. Cuando le vi más tarde estaba todavía en la mesa, muerto. Burgess acababa de cumplir los 18. Era duro creer que estábamos vivos y a flote después de que el último aparato, el número 12, fuera derribado. La ayuda vino a nosotros en el puerto de Kerema Retto, donde un remolcador nos lanzó varias cuerdas durante la noche. Estaba sentado en la cubierta jugando a cartas con mis compañeros cuando algunos 20mm del remolcador abrieron fuego, disparando a un avión que volaba a baja altura y que no había mostrado las señales de reconocimiento correctas. Resultó ser un “amigo” pero el incidente no les sentó nada bien a nuestros sistemas nerviosos. ¿Dónde te escondes en una cubierta, sentado encima de un trozo de hierro?.
Aquí estamos, 50 años más tarde y todos nos preguntamos sobre ese día y porqué estamos todavía aquí y otros de nuestros mejores amigos no. ¿Quién dijo?: “Lo nuestro no es preguntarnos el porqué, sino hacerlo o morir”.
* Traducido por Haplo Patryn de un texto de TheHistoryNet.com. |
USS Laffey
Escrito por: Pedro Ramirez () on 24-03-2009 22:57