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El hundimiento del USS Indianapolis
miércoles, 01 de agosto de 2007
 

Escrito por GuTiX,


29-30 de Julio de 1945, Pacífico Oeste. El barco usado para transportar "La Bomba" sufriria un triste final. En la medianoche del 29 al 30 se cruzó con el submarino I-58, lo que sucedió después quedó como uno de los episodios más trágicos de la guerra del Pacífico.

La bomba atómica.
Mientras el Indianápolis estaba en el dique seco de la isla Mare, el Ministerio de Guerra escogió el barco para transportar "La Bomba" aun antes de que estuvieran seguros de que podría hacerlo. El Indianápolis, por su gran velocidad, su disponibilidad, y su proximidad a Los Alamos, Nuevo México -donde el Proyecto Manhattan estaba situado- había sido llamado para la historia. El Proyecto Manhattan, el mayor secreto de América para crear la bomba atómica, fue probado con éxito en las primeras horas del 16 de julio de 1945. Al amanecer de ese mismo día, envuelto en la seguridad y el secretismo, pero con una gran reunión de


Almirantes, Generales y muchos técnicos mirando desde el lateral del muelle, los componentes de la bomba atómica fueron cargados a bordo de Indianápolis. Varias cajas grandes de madera de madera fueron estibadas en uno de los hangares del barco y se colocó una guardia para mantener a distancia a todas las almas curiosas. El "corazón" de las dos bombas, el uranio-235, sellado en un contenedor de metal, fue amarrado a unas abrazaderas que habían sido soldadas en varios puntos al compartimiento de la cabina del Almirante. Las órdenes recibieron eran que en caso de ataque y si se encontrara el navío en una situación “in extremis” el contenedor debería ser lanzado por la borda. Incluso sabiendo la extrañeza de esta orden la naturaleza del cargamento mismo fue guardada en secreto para toda la tripulación; incluyendo al capitán del Indianápolis, Charles McVay.

26 de julio, el Indiánapolis llega a Tinian
Después de una carrera, a un promedio de velocidad de 29 nudos, desde California deteniéndose en Pearl Harbor durante 6 horas para reaprovisionarse y cargar combustible el Indianápolis echó anclas en la isla de Tinian en el Pacífico Oeste, y descargó su cargamento secreto. Tinian era una de las varias islas en poder de los americanos desde las cuales se lanzaban los raids de bombardeos de los B-29. (La isla Tinian está a lo largo de las Marianas y acerca de 100 millas náuticas al norte de Guam, casi 5300 millas náuticas desde California. )

El Indiánapolis rumbo al Golfo de Leyte.
Desde Tinian el Indianápolis navegó hacia el sur, hizo una pequeña escala en Guam, (el Cuartel General para la Flota del Pacífico, bajo el mando del Comandante en Jefe de la Flota del Pacífico, Chester A. Nimitz), para reabastecer y recibir nuevas órdenes. Sus nuevas órdenes eran navegar hacia el Golfo de Leyte, en la costa este de las Filipinas, a unas1500 millas náuticas al oeste de Guam, y allí unirse al acorazado Idaho, durante varios días de práctica de tiro y diverso entrenamiento. Aproximadamente unos 400 miembros de la tripulación del Indy eran marineros novatos. Desde Leyte debió reincorporarse a la flota de Okinawa para la esperada invasión de Japón. De acuerdo con los registros oficiales, un simple mensaje codificado fue enviado desde Guam para el Idaho poniéndole al corriente de las órdenes del Indianápolis. Supuestamente, el mensaje llegó estropeado. El Idaho no pidió una repetición del mensaje, por lo tanto no supieron que el Indianápolis estaba en camino -El Indianápolis zarpó del Guam el 28 de julio sin escolta- y planeó un viaje de tres días hacia Leyte a una velocidad media de 15 nudos. Cuando llegó la medianoche del lunes 29 de julio, el Indianápolis estaba haciendo 17 nudos en un rumbo de 262 grados en un mar moderado con escasa visibilidad y con cielos nublados. Se había asegurado de ir en zigzag desde la tarde y tenía sólo cuatro de sus ocho calderas encendidas.

El submarino japonés, I-58.
El I-58 comandado por Mochitasura Hashimoto estaba de patrulla dentro de las aguas al este de las Filipinas. Poco antes de la medianoche en hora local en el Pacífico Oeste y aproximadamente a mitad de camino entre las Filipinas y Guam, el submarino japonés, barriendo la superficie con su periscopio de largo alcance, y escuchando con su sonar pasivo mejorado, localizó al Indianápolis. "Esperamos hasta que estuviese lo suficientemente cerca para ver lo que era. Cuando vimos qué grande era, apunté mis torpedos y disparé" Dijo Hashimoto, el Capitán. De hecho el Capitán Hashimoto registró en su cuaderno que había hundido un acorazado clase Idaho con tres torpedos de una salva de seis.

Medianoche del 29 al 30 de julio, abordo del Indianápolis.
Fue justo unos pocos minutos después de la medianoche, a las 00:14 para ser exacto, cuando el primer torpedo explotó -volando la proa del Indianápolis-. El siguiente golpeó unos segundos más tarde por estribor entre el espacio de la maquinaria, cerca de un polvorín y uno de sus depósitos combustible. La explosión dejó sin energía eléctrica al barco y cualquier posibilidad para lanzar un SOS. Sin embargo el radio operador de servicio juró que al menos tres mensajes de SOS. Habían sido enviados antes de que se quedaran sin electricidad. Durante años se creyó que la pérdida de energía eléctrica había impedido cualquier mensaje de SOS. De cualquier forma las recientes revelaciones parecen apoyar al radio operador del Indy.

 
Los 17 nudos del Indianápolis siguieron adelante a través del agua -enviando miles de toneladas de agua salada a través de los agujeros del buque. Comenzó a hundirse por la proa y luego a escorarse. Los oficiales comenzaron a gritar -ordenando a todos abandonar la nave-. A cientos saltaron al negro mar en la medianoche llevando a sus compañeros quemados y heridos con ellos. Alrededor de unos doce minutos, según los supervivientes, el Indianápolis rodó completamente a babor y se fue al fondo rápidamente por proa. De los aproximadamente 1197 oficiales y hombres a bordo, los supervivientes se estiman aproximadamente en 880 hombres, muchos quemados gravemente, mutilados y heridos llegaron al agua en los primeros minutos del 30 de Julio de 1945.

La suerte. .. el destino... o como quieras llamarlo, jugó un importante papel en todos los acontecimientos de la vida del Indianápolis. La hora del día jugó un papel crucial en permitir a tantos hombres la huida del barco mortalmente herido. El ataque torpedero había tenido lugar dentro de los minutos de un cambio de hora; cerca de la mitad del personal de a bordo estaban realizando sus deberes del turno mientras el otro medio todavía despierto se preparaba para sus horas de trabajo.
880 hombres se esparcían ahora sobre miles de yardas de mar abierto. No tenían ni agua ni ninguna comida. Unos cuantos tenían chalecos salvavidas kapok, la mayoría no. Las balsas salvavidas escaseaban. Las que fueron diseñadas para flotar libres del barco, no lo hicieron. El combustible del barco cubrió el mar y a los hombres haciendo a la mayoría enfermar. Cuando despuntó el sol aquel primer día, había razones de optimismo, después de todo, la tripulación sabía que tenían que reunirse con el USS Idaho al día siguiente para las prácticas de tiro, seguramente les habrían dado por perdidos e inmediatamente se montarían las misiones de búsqueda.

Sin embargo, ese no fue el caso, y durante los siguientes cuatro días y medio, los hombres del Indianápolis conocerían el terror, la sed, el hambre y la desesperación a una escala desproporcionada. Muchos dejaron de luchar y se deslizaron en silencio bajo el mar para nunca más ser vistos otra vez por sus compañeros. La oración constantemente asaltaba el cielo. Algunos maldijeron a la Marina. Sería la lucha del hombre contra la naturaleza.

Los ataques de tiburones comenzaron con la llegada de la luz del día el lunes. Uno por uno los tiburones comenzaron a matar a los hombres en el perímetro exterior de los apelotonados grupos. Los atormentadores gritos llenaron el aire durante la noche y el día... la sangre se mezcló con el aceite del combustible. Los supervivientes dijeron que los tiburones estaban siempre allí a centenares nadando simplemente debajo de sus pies. Fue un terror indescriptible el no saber si ibas a ser la siguiente víctima. Al tercer día, la falta de agua y comida junto con el implacable miedo comenzó a tomar efecto en la estabilidad mental de los hombres. Muchos comenzaron a alucinar. M uchos de los que habían ingerido agua salada, se volvieron locos lentamente. Surgieron las peleas. La esperanza se esfumó. La tarde del miércoles, el tercer día, los supervivientes se estiman tan sólo en unos 400, los muertos cubrían totalmente la superficie del mar.

Sobre las 10:25 AM de la mañana del Jueves el Teniente de 24 años Chuck Gwinn, pilotando su bombardero Lockheed Navy Ventura PV-1 basado en la isla de Palau, a unas 300 millas al sur del lugar del hundimiento del Indianápolis, estaba de patrulla rutinaria antisubmarina. Era su segundo vuelo del día; anteriormente mientras estaba intentando desplegar su antena de radio, se rompió. Volvió a la base en Palau, instaló una nueva e inmediatamente despegó para empezar su patrulla.


En esa segunda patrulla, Gwinn estaba en la parte posterior del avión trabajando con su tripulación para solucionar un problema de anclaje con la antena. Se asomaba sobre el avión, guiando el cable, cuándo miró de casualidad hacia abajo, al océano y cambió el destino de 317 hombres. Gwinn había divisado una capa de aceite enorme. Pensando que el aceite indicaba que un submarino enemigo se acababa de sumergir bajo su avión, descendió varios cientos de pies para lanzar cargas de profundidad. Las puertas del compartimiento de bombas se abrieron, listas para dejar caer las cargas de profundidad sobre el supuesto enemigo. Gwinn echó un vistazo por la ventanilla justo cuando estaba apunto de soltar sus cargas de profundidad -y allí, desperdigados sobre el océano, estaban centenares de hombres intentando captar su atención. Inmediatamente Gwinn recobró altitud y transmitió por radio a su base en Palau: "Muchos hombres en el agua", y dieron su latitud y su longitud. Dio vueltas alrededor de la posición contestando a las preguntas de Palau. Se desaprovecharon muchas horas debido a la burocracia, que no se lo creía, algunos pensaban que era una broma.


Unas tres horas después del primer informe de Gwinn, un hidroavión PBY Catalina fue enviado. A sus mandos un piloto de la Navy de 28 años de edad de Frankfort, Indiana llamado R. Adrian Marks se dirige hacia la posición que indicó Gwinn. El Teniente Marks sobrevoló al USS Cecil Doyle, cuyo patrón era amigo íntimo. Marks informó al patrón de su misión. Por propia iniciativa, el capitán del Doyle, Graham Claytor, "olvidó" sus órdenes de dirigirse hacia el Golfo de Leyte, donde su barco debía tomar parte en la invasión de Japón, para prestar asistencia.

En este punto, el combustible llegó a un nivel crítico, Gwinn se dirigió hacia su base de operaciones, poco sabedor del papel que el destino había jugado en su vida o en las vidas de 317 marineros e infantes de marina americanos. Llegando a la posición de los supervivientes, Marks descendió aproximadamente 100 pies por encima de la superficie del mar mientras que su tripulación empezó a lanzar balsas y suministros. ¡Mientras esto ocurría, su tripulación le informó que podían ver a los hombres siendo atacados y comidos vivos por los tiburones!


Viendo a estos hombres atacados por los tiburones, la tripulación decidió abandonar los reglamentos vigentes que prohibían aterrizar en el mar. Este acto de humanidad es todavía más notable puesto que Marks y su tripulación no tuvieron ni idea de dónde procedían esos marineros, podrían ser ingleses, australianos, japoneses o americanos. Marks aterrizó el PBY. (Años más tarde Marks relató que sabía que ése día tendría que llegar, cuando tuviera que hacer un amerizaje forzoso en alta mar, así que había previsto esa eventualidad. En ese día pondría en práctica su teoría). En una maniobra arriesgada, aterrizó entre los restos flotantes casi con el motor apagado, con la cola baja y el morro hacia arriba. ¡Aunque saltaron muchos remaches debido a la fuerza del aterrizaje, su PBY lo consiguió! Paró su avión tan cerca como pudo del primer gran grupo de hombres e inmediatamente empezaron a subirlos a bordo. Algunos supervivientes estaban tan debilitados que cuándo se quitaron sus chalecos salvavidas, se ahogaron mientras trataban de nadar hacia el avión. 

 Sabiendo ya que los hombres eran del Indianápolis, un Marks profundamente conmocionado, y ahora sin rodeos, repetidamente transmitió por radio pidiendo ayuda. Cuando el fuselaje de PBY estuvo lleno la tripulación puso a los hombres encima de las alas. Durante toda la noche, Marks y su tripulación lucharon para traer a tantos hombres como fuera posible y sacarlos del mar infestado de tiburones. El revestimiento de la tela de las alas estaba pronto lleno de huecos, y cubiertos con supervivientes, muchos atados con cordones de paracaídas. Por la mañana, el PBY del Teniente Marks se había convertido en un barco atestado. Respondiendo a las llamadas de auxilio de Marks, los destructores Cecil Doyle, (DE-368), Talbot, (DD-390), y Dufilho, (DE-423), se reunieron en la escena. Los barcos auxiliares Ringness, (APD-100) Bassett, (APD-73), y Register, (APD-92) también acudieron en ayuda del resto de la tripulación del Indianápolis.

El Cecil Doyle se colocó a lo largo del lateral del PBY de Marks y recogió a los supervivientes rescatados. Marks despojó el avión de todo el instrumental y equipo secreto y se embarcaron en el Doyle. Luego le dijo al patrón que destruyera el avión para que no cayera en manos del enemigo.

Adrian Marks y su tripulación salvaron a 56 hombres aquel día. ¡Un record que nunca ha sido igualado por ningún otro hidroplano de ese tamaño!
Tristemente la burocracia es igual en todas partes. Aunque parezca mentira, algún funcionario de la Navy en el Pacifico comenzó el trabajo de oficina para enjuiciar al Teniente Marks por hacer caso omiso de las órdenes que prohibían aterrizar en alta mar. Siguió la cadena de mando hasta que alguien se dio cuenta quién era el Teniente Marks y lo que había hecho... 


   

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