"Entonces tomé mi asiento en el planeador Nº 1. Era el pelotón de Den Brotheridge. Estaba al frente de la puerta abierta y a mi derecha estaban otros dos hombres y luego la cabina del piloto. Podía mirar a través de la cabina y ver al sargento Jim Wallwork, el piloto, muy claramente. Cerramos las puertas, y mi planeador se suponía que tenía que despegar a las 22:56, y arrancó encima de la pista de aterrizaje con un bombardero Halifax remolcándolo, y justo a las 22:56, estaba en el aire. Aunque no los podía ver, supe que el resto de los cinco estaban en línea justo detrás de nosotros. El Nº 2 tenía al pelotón de David Wood; el Nº 3 a Sandy Smith; el Nº 4, Brian Priday y Tony Hooper; el Nº 5 de Dennis Fox; y el número 6, de Tod Sweeney. Fuimos aislados del resto de mundo excepto por la habilidad de Jim Wallwork para poder hablar con el Halifax.
A través de las puertas podíamos ver montones de otros bombarderos, y supimos que debían haber ido a bombardear el frente de invasión. Sabíamos que llevábamos mas o menos una hora de vuelo cruzando el Canal, y tan pronto alcanzamos los cinco o seis mil pies, los hombres empezaron a darle a las lenguas, y un montón de canciones surgieron. A medida que cruzábamos el Canal no podía parar de pensar en esos pobres diablos allá abajo, en esos miles y miles de embarcaciones, y tantos de ellos jodidamente enfermos porque sabíamos que el mar estaba picado y aquí a nosotros nos tomó sólo una hora de despegue y directamente a la batalla, y eso era lo que realmente pensaba que debía de ser la forma para entrar en acción, no dos o tres días navegando en algún tipo de barco.
En el último momento me preguntaba cual sería la fuerza del enemigo cuando llegáramos, porque teníamos esos molestos "espárragos de Rommel", y me preocupaba con la cuestión de una ametralladora apuntando hacia un planeador y arrasándonos completamente a todos nosotros de un solo golpe antes de que pudiésemosmos tener la posibilidad de contraatacar. También estaba preocupado por los explosivos que llevamos en el planeador y si explotarían en el aterrizaje.
Cuando nos soltamos estábamos en nuestra ruta hacia abajo e hicimos nuestro giro final, y se supone que entraríamos en esa cosa a 90 millas por hora cuando tocáramos tierra por primera vez. Pude ver como el viejo Jim agarraba esa jodida gran máquina y la controlaba a la fuerza en el último momento. No pude ver su cara, pero podía ver esos grandes chorreones de sudor a través de su frente y sobre su cara. Tuve compasión de él y me veía a mi mismo sujetando esa maldita cosa a medida que llegábamos."
Fuente: Normandy 1944