| “Kilroy was here” es lo que reza el graffiti más popular de toda la Segunda Guerra Mundial. Se trataba de un simpático dibujo que muestra a alguien asomándose por encima de un muro. |
“Kilroy was here” es lo que reza el graffiti más popular de toda la Segunda Guerra Mundial. Se trataba de un simpático dibujo que muestra a alguien asomándose por encima de un muro, como espiando al otro lado, dejando ver sólo sus ojos, nariz, frente y las manos con las que se agarra al muro. Esta caricatura de incierto origen se popularizó entre los soldados estadounidenses, quienes la plasmaron allá por donde fueron: apareció en el Norte de África, y pasó por Italia, Francia, Países Bajos y Alemania, así como las islas del Pacífico hasta Japón, puesta allí cada vez por soldados aburridos, bromistas, o con la sencilla intención de dejar un recuerdo. Conforme los meses pasaban y la presencia estadounidense en la guerra se convertía en predominante, la figurita de Kilroy, su nombre, su firma, o frases relacionadas proliferaban en los lugares más insospechados, e incluso en zonas en las que las tropas estadounidenses no combatieron. Esto da una idea de lo emblemático y famoso que llegó a ser este fantasmal personaje y su simpática firma.
La firma de Kilroy se convirtió pues en el sello del soldado estadounidense de a pie, y allá donde había unidades estadounidenses, se encontraba el popular y ubicuo Kilroy. No sólo los soldados pintaban Kilroy cuando podían, sino que los trabajadores de fábricas acabaron estampando este peculiar logotipo en algunas piezas de vehículos y armas, como han atestiguado restauradores y anticuarios que han trabajado con objetos y vehículos de la época.
La aparente omnipresencia de Kilroy desencadenó también algunas leyendas urbanas un tanto disparatadas. Por ejemplo, una de ellas dice que la aparición de la inconfundible marca de Kilroy en una instalación secreta nazi causó que Adolf Hitler comenzara a temer la presencia de un “superespía” americano, Kilroy, capaz de infiltrarse en cualquier lugar y encima tener el descaro de dejar su firma. Otra cuenta cómo, años después de la guerra, unos buzos de los SEAL, durante una inmersión de entrenamiento en las costas de Japón encontraron a Kilroy grabado en la cara sumergida de algunas fortificaciones costeras japonesas.
Acabada la guerra, este graffiti había alcanzado tanto éxito que comenzó a aparecer por todo el mundo, extendido por viajeros bromistas. Así, Kilroy siguió viajando, y ha sido visto en la Torre Eiffel, la Estatua de la Libertad, el Puente de Marco Polo en China, el Everest ¡e incluso fue pintado en la Luna! Lo que fue una broma de soldados se convirtió en una moda mundial que dura hasta nuestros días. Incluso escritores de fama, como Isaac Asimov, se valieron de este personajillo para escribir algún relato (en concreto el de Asimov es breve y bastante divertido, aquí mando el enlace del relato en inglés). A día de hoy, las tropas estadounidenses siguen pintando a Kilroy allá donde van, como en esta base en Iraq.

Ya hemos visto lo famoso que llegó a ser Kilroy, durante y después de la guerra. Pero los orígenes de este graffiti son bastante oscuros. En un principio se atribuyó la autoría a un soldado de Ohio apellidado Kilroy. Pero en 1946, la Compañía de Tránsito de América acabó por resolver el enigma convocando un concurso para averiguar de una vez por todas de dónde había salido Kilroy. Este concurso lo ganó James J. Kilroy (Sept1902-Nov1962), un supervisor de montaje nacido en Boston que trabajaba en los astilleros de Fore River. Su trabajo consistía en contar piezas, planchas y remaches. Según él mismo contó, comenzó a firmar arañando el metal al darse cuenta de que algunos de los soldadores eran bastante deshonestos, y borraban la firma de tiza del supervisor, haciendo que Kilroy tuviera que contar varias veces las mismas piezas y remaches. Una vez ensamblados y funcionando los barcos, estas firmas talladas en todo tipo de piezas, mamparas, soldaduras y remaches, quedaban luego a la vista de las tripulaciones y pasajeros, en los lugares más inverosímiles de la estructura del buque. Así, los soldados y marineros estadounidenses (y de otras naciones aliadas) al descubrir la insólita marca, no podían dejar de preguntarse quién era ese tal Kilroy, cómo había llegado allí, y por qué habría firmado. La firma de Kilroy fue vista en el acorazado USS Massachussets, el crucero pesado USS Baltimore, el portaaviones USS Lexington, así como en docenas de navíos de transporte y combate que eran producidos como churros por la poderosa industria naval estadounidense. Sin embargo, mientras el nombre de Kilroy y su aparente ubicuidad quedaban explicados por este concurso, no estaba tan claro el origen del simpático muñequito que acompañaba al eslogan. Mientras algunos se lo atribuyen al mismo Kilroy, otros piensan que fue el dibujante británico George Edward Chatterton “Chat” el autor de esta caricatura. Este personajillo, llamado “Chad” solía aparecer acompañado de la Frase “Wot? No…?” (¿Qué? ¿No queda…?). Es posible entonces, que Chad sea una adición británica al Kilroy, adoptada en principio por los estadounidenses por la facilidad y rapidez con la que se puede pintar, grabar o arañar este personajillo.
A pesar de todo esto, los orígenes de Kilroy siguen estando sembrados de dudas, ya que al concurso se presentaron más de treinta posibles “Kilroys”, algunos con historias muy sólidas. Tampoco la figura de Chad está libre de dudas, puesto que esta caricatura tiene contrapartidas en Japón (“Henohenomoheji”), Chile (“Sapo”, de sapear, que en Chile significa espiar) o Australia (“Foo”). No creo que se llegue nunca a saber a ciencia cierta la verdad, pero no creo que importe tanto. Kilroy seguirá apareciendo en los lugares más extraños del universo, intentando sorprendernos y arrancarnos una carcajada. ¿Para cuándo veremos a Kilroy en Marte?
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Escrito por: GuTiX () on 07-10-2008 21:17