| Desembarco de Normandia, 6 Junio de 1944. John Fitzgerald. Península de Cotentin. 502º Regimiento de infantería Paracaidista, 101ª División Aerotransportada.
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Los exploradores fueron enviados delante de nosotros cuando empezamos la marcha hacia las afueras de Sainte Merè Église, estaba todo tranquilo, excepto por el tiroteo esporádico que venia desde dentro del pueblo. Algunos hombres tenían cizallas y se detendrían ahora para cortar las líneas telefónicas en ambos lados del camino. Pasamos una pequeña central eléctrica, y uno de los soldados la destruyó con dos granadas de mano.
Pasamos la iglesia, dónde un paracaidista había aterrizado directamente en su capitel. Su paracaídas todavía se bamboleaba lentamente en la brisa, vacío. A muchos de los soldados los mataron antes de que aterrizaran o poco después, y algunos estaban todavía colgando de los árboles parecían muñecos de trapo llenos de agujeros de bala. Su sangre goteaba en el lugar al que venían a liberar. Viendo a estos primeros americanos muertos y la forma en que habían muerto tuvo un efecto desmoralizador en nosotros.
Al buscar agua para llenar mi cantimplora, descubrí un pozo detrás de una granja cercana. En el camino hacia el pozo, la escena con la que me topé fue algo que nunca olvidaré. Era un cuadro de la muerte de un paracaidista de la 82. Había ocupado una trinchera alemana y había hecho de ella su Álamo personal. En un semicírculo alrededor del hoyo estaban esparcidos los cuerpos de nueve soldados alemanes -el más cercano, a sólo tres pies del hoyo, todavía empuñaba una "potatomasher" (una granada de mano alemana). Los otros cuerpos yacían donde cayeron, testimonio de la ferocidad de la pelea. Su bandolera de munición estaba todavía en sus hombros, pero vacía de todo los cargadores del M-1. Los casquillos cubrían toda la tierra. La culata del rifle estaba partida en dos y sus astillas se sumaban a los restos que había por el suelo. Había luchado solo y como muchos otros esa noche, había muerto solo. Busqué su placa de identificación colgada del cuello. El nombre ponía Martin V. Hersh. Lo escribí en un pequeño libro de oraciones que llevaba, esperando que algún día encontraría a alguien que lo conociera. No fue así.
Fuente: Normandy 1944
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