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Malos tiempos para "Los Hombres duros"
lunes, 05 de febrero de 2007
 

Escrito por GuTiX,

22-23 de Julio de 1944. St. Germain-sur-Seves, Francia.
Durante la encarnizada lucha en el bocage, un grupo de paracaidistas alemanes capturó 11 oficiales y más de 200 hombres de la 90ª División de Infantería de los Estados Unidos.

 En las semanas siguientes al Día D, incontables sangrientas batallas se originaron a lo largo de Normandia a medida que los alemanes se aferraban tenazmente por cada milla cuadrada de bocage (el país de los setos) buscando producir las mayores bajas posibles por cada trozo de terreno cedido. Una pugna que se balanceaba sin una delantera claramente definida, la batalla de Normandia se convirtió en una serie de pequeñas y brutales acciones en las cuales los ataques se toparon con contraataques y los terrenos cambiaron de manos diariamente. Una de esas acciones que tuvo lugar en julio de 1944 marcó a los soldados de la 90 División de Infantería, conocidos como "Los hombres duros", contra un contraataque alemán del 6º Regimiento Paracaidista a las órdenes del Mayor Friedrich August Freiherr Von Der Heydte. La dura batalla resultaría en la captura de más que 200 soldados americanos y una inusual tregua entre alemanes y americanos para evacuar a los soldados heridos. 

El Bávaro de nacimiento Mayor Von Der Heydte ya había luchado en Francia, Creta, Rusia, África del Norte e Italia antes de que entrenara y liderara al 6º de paracaidista en la batalla de Normandia. Un miembro y aristócrata militar de la Luftwaffe (ya que las formaciones alemanas de paracaidistas no estaban técnicamente integradas en el ejército), había supervisado la nueva formación del 6º Regimiento a principios de 1944, y en mayo -cuando el regimiento fue destacado en Francia- sus bien preparados miembros demostraron su lema, "sudar ahorra sangre".
Aunque nunca saltaron en paracaídas al combate, todas las tropas del 6º se habían ganado sus alas de salto, y todos habían saltado varias veces durante el entrenamiento. Mientras los oficiales comisionados y los no comisionados eran en su mayor parte veteranos y experimentados en la batalla, los demás eran generalmente bastante jóvenes. Muchos de ellos entraron por primera vez en combate contra los soldados aliados en Normandia y para muchos fue también su última vez. Entre el 6 de junio y el 10 de 1944, el 1er Batallón del 6º de paracaidista fueron arrasados en los duros combates.

 Durante el 22 de julio, elementos del 2º y 3er batallón del Regimiento alemán estaba atrincherados en posiciones defensivas al frente de la 90 División de Infantería en la Península de Cotentin. La 90ª había desembarcado en la playa de Utah justo detrás de los elementos iniciales de asalto. La División luchó duro y perdió a muchos durante las batallas iniciales en los setos de Normandia, como le ocurrió a muchas otras unidades americanas. Los reemplazos de la 90 habían alcanzado más del 100 por cien de la fuerza autorizada por la división, el 22 de julio. Muchos de los "combatientes veteranos" habían sido reemplazados poco antes. Los reemplazos de los oficiales de infantería totalizaron casi un 150 por ciento.

El 18 de julio, la 90 comenzó los preparativos para un asalto al pueblo de St. Germain sur Seves como preludio de la Operación Cobra, el ataque planeado en San Lô que se esperaba daría a las Fuerzas Armadas de tierra Aliadas la oportunidad de romper la zona de los setos. La captura de St. Germain sur Seves pondría a la división en condiciones de colocarse en el crucial pueblo de Periers, luego avanzar por la carretera enlazando Periers con la importante ciudad de Coutances, cercana a St. Lô, en la base de la península. San Germain-Sur-Seves está situado encima de una "isla" rodeado por terrenos que lo hacen relativamente inaccesible. Por el norte estaba delimitado por el río Seves, y en el otro lado bordeado por pantanales y riachuelos. Esa elevación tierra, la cuál estaba entrecruzada por setos, tenía apenas dos millas de largo y casi media milla de ancho. En julio de 1944 estaba todavía mas aislado de lo normal por causa de fuertes lluvias que habían caído durante el mes previo. Para los americanos, este problemático terreno sería conocido como la isla Seves.

 Un ataque nocturno en St. Germain sur Seves estaba propuesto inicialmente, pero la idea fue desechada por el alto número de reemplazos novatos en la división. En lugar de eso, el Mayor General Eugene M. Landrum, oficial comandante de la 90ª, optó por un ataque diurno. Seleccionó al Regimiento 358, comandado por el Teniente Coronel Christian E. Clarke, Jr., a realizar el asalto y dispuso un pesado apoyo artillero para la ofensiva. Como ocurrió, el apoyo de fuego estaba disponible porque la 90ª fue el único ataque planificado en ese momento en su sector. Landrum también pidió apoyo aéreo cercano, y dirigió a su otras unidades de infantería en el área para apuntalar el ataque con el fuego de sus armas.
El asalto comenzó alrededor de las 6:30 horas del 22 de julio, después de que un bombardeo de 15 minutos intentara ablandar las defensas alemanas. Los batallones 1º y 2º del 358º Regimiento avanzaron hacia St. Germain sur Seves desde el norte, a lo largo de una carretera que cruzaba el río Seves. La angosta carretera conectaba los terrenos circundantes occidentales de la isla por un puente, pero los alemanes habían destruido el tramo antes de la batalla. Según el plan, los dos batallones crearían una cabeza de puente a fin de que los ingenieros pudieran entrar y construir un puente temporal que permitiría a los tanques cruzar el pantanal hacia el pueblo.

Inicialmente el ataque tuvo éxito. El apoyo de la artillería fue tan sólido que compensó la escasa visibilidad que había imposibilitado un ataque aéreo en la isla. El 1er Batallón del 358 abrió brecha en las posiciones lejanas del 3 Batallón del 6º de paracaidistas, penetrando más de una milla y cuarto dentro de las líneas alemanas. Pero como había poca cobertura disponible en el área inundada, los americanos expusieron su flanco. A pesar del apoyo de la artillería, las bajas americanas fueron muchas. Dos oficiales y siete hombres fueron muertos, y 10 oficiales y 180 hombres estaban heridos.

A eso de las 12:00 del día 22, el Mayor Von Der Heydte dio órdenes para conducir a las tropas americanas de la isla y arrojarlas hacia el río. Puesto que el comandante alemán aparentemente creyó que los americanos que habían venido constituían una pequeña fuerza de reconocimiento, envió sólo a la Compañía 16, liderada por el Sargento Alexander Uhlig, para montar un contraataque. Von der Heydte ordenó a Uhlig empujar hacia atrás a los americanos y restablecer la vieja línea principal de resistencia a lo largo del río, añadiendo a eso, si fuera posible, capturar un par de prisioneros para interrogarlos.

 Uhlig, cuya compañía fue disminuida a 32 miembros efectivos en ese momento, dio las instrucciones previas a sus hombres y les envió a tomar sus posiciones para el ataque. Aunque los miembros de Compañía 16 estaban ligeramente armados y deberían haber podido moverse rápidamente, su progreso fue lento. La visibilidad había mejorado al mediodía, y los aviones americanos ahora controlaban los cielos, atacando implacablemente a los alemanes. Como los hombres de Uhlig se habían adelantado a lo largo de una carretera inundada entre los setos, fueron alcanzados por el fuego de la artillería que hirió a un oficial y a tres soldados. Otros dos hombres dejaron el grupo para dar escolta a los heridos a un puesto de primeros auxilios. Entretanto, Uhlig y uno de sus cabos hicieron un reconocimiento visual del área en cuestión y discutieron qué hacer.

Al frente de Uhlig, 800 yardas que antiguamente había sido la línea defensiva principal alemana estaban ahora en posesión de las tropas americanas. A su izquierda estaba la Compañía 6 alemana, y había una abertura en la línea donde originalmente estaba situada la Compañía 11, que se había retirado. Para desilusión de Uhlig, vio que estaba en frente a más de 300 americanos. Sabiendo que sería un suicidio montar un asalto frontal, Uhlig atacó la parte de menos profunda del avance americano, su flanco derecho. Los hombres de Uhlig avanzaron a rastras y gateando, usando montículos de tierra y los setos para cubrirse. Por el camino, el sargento alemán asumió el mando de algunos hombres de otra compañía para reforzar su maltrecha unidad.

A eso de la 18:00, los paracaidistas alemanes emprendieron su ataque contra el 1er Batallón del 358. Durante las siguientes tres horas las Fuerzas Armadas americanas se retiraron unas 350 yardas. Según el oficial de inteligencia del 358, Mayor William J. Falvey, el 1er Batallón acabó a mas de media milla al sur del río, habiendo sido reducido a la mitad por las bajas y los rezagados. Una compañía del 2º Batallón 2 había logrado avanzar cerca de 150 yardas más allá del Seves y así se encontraba en la parte posterior del 1er Batallón 1. Los americanos habían podido traer a dos pelotones de tanques a través de un puente temporal.
Aunque los hombres de Uhlig habían empujado a los americanos y les habían infligido muchas bajas, aún no habían capturado a los prisioneros que von der Heydte quería. En esos momentos el pequeño grupo de Uhlig se había reducido a 28 hombres. Dos de los soldados paracaidistas que habían sido ligeramente heridos prefirieron quedarse con la unidad en vez de ser evacuados.

Cuando la lucha se acercó a al final esa tarde, los americanos supieron que estaban en una posición precaria. Esperaron otro ataque desde la misma dirección. Durante la noche forcejearon para evacuar a sus heridos, muchos de quienes yacían entre los cañizos y la hierba alta en el lado norte del río. En la oscuridad, una cierta cantidad de las tropas inexpertas empezaron a deambular hacia la parte de atrás. El oficial de suministros del Regimiento 358,Michael Knouf, estaba haciendo lo que podía para mantener los suministros y la munición a través del río hacia las tropas en las posiciones de avanzada. Las compañías B y C eran las más lejanas de las compañías del 1er Batallón. Las tropas del 1er y 2º Batallón ahora formaban una línea en forma de herradura de 200 yardas de profundidad y 1000 yardas de ancha en los terrenos altos. La mañana del 23 encontró a Knouf al sur del Seves, intentando llevar suministros.

Entretanto, en la tarde del 22, Uhlig había reconsiderado la situación de su frente. Aunque la cabeza de puente americana se había reducido, supo que su misión no estaba completa aún. El sonido de las tropas americanas excavando le indicó que otro ataque en contra del mismo flanco no tendría éxito, así que se decidió a emprender un asalto en el otro flanco. Calculando que necesitaría más que 28 hombres para vencer los americanos, salió a buscar refuerzos. Un jefe de tanque del cercano 2º SS Panzergrenadier le dijo a Uhlig que le daría tres tanques para el ataque de la mañana siguiente. El 3er Batallón le prometió dos MG 42 y 16 hombres. A pesar de que los hombres que le habían prometido eran de reemplazo, con poca experiencia de batalla, Uhlig inicialmente tenía intención de usarlos como reserva, pero más tarde decidió utilizarlos con un papel más activo.

U hlig sabía que la MG 42, que tenía una cadencia de fuego muy alta de 1300 disparos por minuto, era temida y respetada por las tropas americanas. Concluyó que si podía hacer buen uso de las dos armas que le prometieron, le podrían dar una ventaja en la batalla del próximo día. Uhlig también comprendió la importancia del terreno en el planeamiento del asalto, y vio que el control de la pradera cerca del río Seves era crítico para el éxito de la operación. Quería mantener a los refuerzos del 1er Batallón del 358 lejos de los elementos de vanguardia así como bloquear cualquier intento americano de retirada, para garantizar que tendría algunos prisioneros que llevar a von der Heydte.

Uhlig situó las dos MG 42 a fin de que pudieran dar soporte a ambos objetivos, colocándolos en un camino inundado al nordeste de la carretera de San Germain-Sur-Seves, dónde el personal podría ver la explanada del río Seves y tener despejado el campo de tiro. Ordenó a los equipos de ametralladoras cavar y camuflar sus posiciones, ya que los aviones aliados estaban constantemente sobrevolando en busca de blancos. Los hombres emplearon las horas restantes de oscuridad para establecer sus posiciones de batalla. Para lograr la sorpresa y maximizar la efectividad de las armas, así como también proteger a sus servidores de la artillería americana todo lo más posible, Uhlig dio órdenes estrictas a las MGs que no deberían disparar durante el asalto inicial. Creyó que podría poder desalojar a las tropas enemigas de la isla sin las ametralladoras y planificó tener las MG 42 como apoyo a la acción sólo si los americanos trataran de traer refuerzos o retirarse.

Como ocurrió, las nubes en la mañana del 23 eran tan bajas que los aviones aliados fueran incapaces de proveer apoyo terrestre efectivo para cualquier operación. Los americanos todavía tenían la artillería de apoyo disponible, pero un ajuste efectivo era difícil debido al terreno y a la proximidad de los alemanes a las tropas del 1er Batallón.




   

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