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La historia del soldado Jay Rebstock
viernes, 16 de febrero de 2007
 

Escrito por McLarry,

La primera experiencia de combate del marine de 23 años Jay Rebstock se produjo a la sombra del monte Suribachi en la batalla de Iwo Jima.


 Para Diciembre de 1943 Jay Rebstock había terminado su entrenamiento, y en Febrero de 1944 fue destinado a la 5ª División de Infantería de Marina. La 5ª era nueva, pero se enorgullecía de tener muchos veteranos de los Raiders y experimentados paracaidistas, veteranos de los primeros combates en Guadalcanal, Choiseul y Bougainville. Entre estos legendarios veteranos de hallaba John Basilone, quien se había ganado la Medalla de Honor en Guadalcanal, que había optado por volver al combate en vez de permanecer en los Estados Unidos. La presencia de todos estos veteranos dio confianza a los más nuevos Marines como Rebstock. 

Durante los siete meses siguientes la 5ª División se entrenó en los Estados Unidos y Rebstock fue asignado como tirador del Browning Automatic Rifle (BAR) [Fusil Automático Browning] en la Compañía E del 2º Batallón del 27º de Infantería de Marina. En la primera semana de Enero de 1945 Rebstock, así como el resto de la 5ª División, embarcó desde la Gran Isla de Hawai, mientras la 4ª División lo hacía desde Maui para lo que muchos pensaban  que iba a ser un desembarco en China o Formosa. Como división de reserva, la 3ª División de Marines completó la fuerza de ataque. Esta fuerza de tres divisiones era la más grande que se había reunido para un solo ataque en toda la historia del Cuerpo. Se denominó V Cuerpo Anfibio. 

Rebstock y sus camaradas abordaron los transportes de tropas entre el rumor de que sus desembarcos serían un entrenamiento para su auténtico destino, la isla de Okinawa. No sabían nada del plan llamado Operación Detachment [Destacamento], de fecha del 23 de Diciembre. La operación consistía en un asalto frontal en las 3.000 yardas [2.750 metros] de las negras y arenosas playas bajo el monte Suribachi en Iwo Jima y la captura de sus tres aeródromos. La isla se hallaba a tan sólo 660 millas [1.062 kilómetros] al sur de Tokio. La 5ª División asaltaría la izquierda de las playas. La 4ª asaltaría la derecha. La fuerza naval con la se habían citado era enorme. Una semana tras la partida de Hawai el jefe de la compañía de Rebstock reunió a sus Marines y les informó que su objetivo era la isla de Iwo Jima, los Marines de la compañía E se dirigieron miradas de extrañeza. El capitán descubrió un mapa en un mamparo, revelando un diagrama de una isla con forma de chuleta de cerdo, y señaló unas playas al este. Estaban etiquetadas como Playa Verde, Rojo 1 y 2, Amarillo 1 y 2 y Azul 1 y 2. 

 “Nosotros desembarcaremos en Playa Rojo 1”, dijo el oficial, manteniendo su puntero sobre la segunda playa de invasión al norte del monte Suribachi. “La compañía E estará en la segunda oleada” dijo. Esta sería la primera oleada de infantería, tras la oleada de LVT (A)’s (Landing Vehicles Tracked (Armoured)) [Vehículos de Desembarco sobre Cadenas (Acorazados)] que debería dar fuego de apoyo con sus cañones de 75 mm. 

Las reuniones informativas se mantuvieron diariamente. Mapas y maquetas de la isla estaban disponibles para todos los hombres. Para examinar las maquetas algunos hombres se agachaban para hacerse una idea de las altitudes. Todos los ojos coincidían en el Surbachi, el monte que había que tomar. 

Según se aproximaban a la zona de desembarco los informes finales incluían estimaciones sobre la duración de la batalla. No más de 3 ó 5 días, oyó el joven tirador del BAR, incluso menos si los japoneses hacían su habitual carga banzai por el emperador y los Marines los segaban como ya habían hecho antes. 

El 18 de Febrero de 1945, la noche anterior al Día-D, era casi imposible dormir. Las armas se revisaban por enésima vez. Había servicios religiosos a bordo, pero la asistencia era pobre. Se escribieron algunas cartas, pero la mayoría del tiempo se iba en repasar el equipo una y otra vez. La fuerza de desembarco se reunió para comer a las 0300 horas. Había filetes y huevos. Algunos no pudieron comer. Otros, en cambio, comieron como si no existiera el día siguiente, rebañando incluso los platos de aquellos que no pudieron probar bocado. Rebstock comió en la cocina, llena con el sonido de los cubiertos de metal contra las metálicas bandejas. Había pocas conversaciones. 

A las 0630 todo estaba a punto, y el atronador rugido del bombardeo naval comenzó. Lo que a los Marines les parecía un bombardeo a voleo, era en realidad el seguimiento de un detallado plan. A cada buque se le habían asignado meticulosamente los blancos, la cantidad de disparos y el momento exacto. La isla fue barrida yarda a yarda con una lluvia de acero. Cinco acorazados golpearon Iwo desde la costa este, mientras dos más se dirigían  a la costa oeste y bombardeaban desde allí. Durante hora y media los acorazados arrojaron más de 500 granadas sobre sus objetivos. Los cruceros contribuyeron con 700 más.

Bombardeo previo de la isla

El bombardeo cubrió Iwo Jima  con unas nubes de polvo tan espesas que no permitían el paso de los rayos solares. Mientras las granadas caían sobre la isla, la fuerza de desembarco reembarcó. Rebstock y los miembros de la 2ª Sección de la Compañía Easy fueron convocados en la cubierta de tanques para abordar sus LVT’s. Se deslizó hacia la cubierta con su pesada carga y una lata de 5 galones [19 litros] de agua. Otros Marines gateaban por las cubiertas de acero, cargados con su equipo y material adicional. Los conductores arrancaron los vehículos. El ruido en la cerrada barcaza era ensordecedor, y un humo azulado procedente de los tubos de escape llenaba el compartimiento y asfixiaba a los Marines. Al fin se abrieron las compuertas en la proa de la LST (Landing Ship, Tank) [Lancha de Desembarco Porta-Tanques] y tanto la neblina azul como los humos se dispersaron por el aire fresco que alivió los torturados pulmones y ojos. La luz de un hermoso día  se coló en  el cavernoso habitáculo mientras el primer tractor chirriaba hacia la inclinada cubierta que conducía hacia las revueltas y azules aguas. Como un enorme hipopótamo, el desgarbado tractor descendió la rampa e introdujo el morro en el agua. Las cadenas rozaban el acero de la rampa hasta que se zambulló y comenzó a flotar por si mismo.

El agua volvió a agitarse mientras el siguiente tractor avanzaba, y luego el siguiente.

Finalmente le tocó a la 2ª Sección entrar en el agua. 

Rebstock y los otros 15 Marines en la LVT  notaron como el vehículo descendía la rampa, y de repente estaban flotando y avanzaban lentamente para unirse a los otros tractores en la zona de reunión. Unos minutos después de las 0800 horas el cañoneo naval cesó. Las LVT’s se agitaban hacia la línea de partida, y mientras adelantaban a los buques de la Armada los marineros les saludaban y animaban con gritos. No se podía oír nada por encima del rugido de los motores, pero los Marines levantaron sus pulgares como respuesta. 

 El tractor de la 2ª Sección alcanzó la línea de partida al mismo tiempo que 120 aeronaves, que habían partido desde portaaviones, rugían sobre sus cabezas para seguir bombardeando la isla. Los Marines les saludaron efusivamente al ver que 48 de ellos pertenecían al Cuerpo de Marines. Vieron como los aviones dejaban caer sus explosivos y NAPALM  en las laderas del Suribachi y en el aeródromo Motoyama. Durante 20 minutos fue un magnífico espectáculo. Los aviones desaparecieron y la Armada comenzó de nuevo el bombardeo. Esta vez todos los cañones se concentraron en las playas. A las 0835 la primera oleada de infantería estaba formada y siguió a las LVT(A)’s hacia las playas. Rebstock y sus camaradas podían ver las popas de los tractores que los precedían, y asomándose por las bordas al resto de las unidades agitándose igual que ellos. Su destino era Playa Rojo 1, y avanzaban bajo el más impresionante cañoneo naval que se pudiera imaginar. Durante los 30 minutos que duró el trayecto hasta la playa los buques americanos lanzaron más de 8.000 salvas que barrieron por completo las defensas de playa del Teniente-General japonés Tadamichi Kuribayashi. En el tractor de la 2ª Sección los hombres miraban a su alrededor. Rebstock, aferrado a su lata  con 5 galones de agua, observó como algunas olas rompían por encima de la borda y golpeaban la cubierta. A pesar de las relativamente tranquilas aguas, algunos hombres estaban mareados. El movimiento y los 30 minutos en el interior de la LST con aquellos humos se estaban cobrando su peaje. 

Los tractores se aproximaban a la playa como gigantescos chinches acuáticos. Rebstock comenzó a observar salpicones en el agua. Pensó que algunos disparos de la Armada se habían quedado cortos. Entonces hubo más salpicones, y de repente una LVT explosionó y los hombres chillaron en el agua. No eran tiros que se habían quedado cortos. Con la mortal seriedad de los hombres bajo el fuego, todos se acurrucaron en la húmeda cubierta.

A 200 yardas [183 metros] de la playa, Rebstock se asomó por la borda, y pudo ver que los tractores de la primera oleada no habían llegado aún a la playa. De hecho habían retrocedido y disparaban sus cañones desde el agua. La LVT de Rebstock adelantó a las LVT(A)’s que hacían fuego. 

“¿Qué demonios está pasando?” pensó. Volvió a mirar. Para su sorpresa vio un cañón que abría fuego contra un avión que ametrallaba la playa. Sólo pudo ver la parte superior del arma y la parte superior de un casco mientras el cañón giraba sobre su posición en lo alto de la segunda terraza. 

Las cadenas golpearon contra la arena, y su LVT dio unos bandazos por un repecho, entonces se paró mientras las cadenas continuaban girando y girando sobre el blando suelo. “Por los lados”, se oyó la orden y los Marines saltaron sobre la negra y volcánica arena. Rebstock se agachó e intentó avanzar, pero sus pies se hundieron en la arena hasta las rodillas. Lanzó una maldición; los 40 días embarcado parecían haberle dejado bajo de forma y jadeando. Se sintió como un salmón tratando de nadar contracorriente. Como por tiempos avanzó hasta caer en la terraza, acertó a echar un vistazo hacia abajo y vio con horror que todavía llevaba la lata de 5 galones de agua que le habían dado en el barco. Abrió su mano como si hubiera agarrado un metal al rojo y medio lanzó, medio pateó la maldita lata. 

 Playa Rojo 1

En ese momento se desembarazó de parte de su equipo. Su carga era tan pesada que apenas podía moverse. Además de su arma, llevaba 240 cartuchos, una bandolera colgando por su pecho, granadas, el útil de mango corto, cantimploras de agua, un bípode para el BAR y una pistola. No le llevó mucho mandar la pistola y el bípode a hacer compañía a la lata. 

Lo siguiente que vio fue como el resto de su sección había remontado los bancales que partían de la playa y saltaban sobre el emplazamiento artillero que había observado antes. Los Marines estaban reventando a palos a los artilleros japoneses con sus rifles. Aligerado de su carga, Rebstock se encaramó a la segunda terraza y se dirigió a su asistente, que, al igual que él, también llevaba un exceso de equipo. “¡El BAR es tu responsabilidad, así que lleva tu propia munición!” le gritó el asistente antes de largarse trotando. 

 La sección de Rebstock cruzó el trozo de tierra que unía el monte Suribachi con el resto de la isla. Los hombres lanzaban miradas de preocupación hacía las laderas, esperando en cualquier momento una lluvia de fugo sobre ellos. Pero el Suribachi les dejó pasar. 

Según se aproximaban a un pequeño campo de caña de azúcar que, increíblemente, había resistido el bombardeo, Rebstock observó sorprendido como un soldado japonés cargaba contra él. Era algo irreal, como en un sueño y le llevó un tiempo alzar el arma contra la figura que cargaba y derribarla con una corta ráfaga. Se acercó un teniente y le gritó al jadeante Marine que pensaba que había matado a un camarada.

Rebstock se horrorizó, aunque no por mucho, pues otro Marine se acercó y le enseñó la insignia que acababa de arrancar de la camisa del soldado muerto. Era un Marine japonés. Continuaron el avance. Al atardecer alcanzaron el lado opuesto de la isla, donde el terreno era de roca sólida y  acantilados. Se pararon e hicieron un recuento de las bajas. No había ido mal del todo. La Compañía Easy había perdido a su jefe y tenían seis muertos y nueve heridos, pero habían cruzado la isla y aislado el Suribachi de la zona norte. La compañía adoptó medidas defensivas y evacuó a sus heridos, Los hombres esperaban la orden de proseguir hacia el norte, pero la orden no llegaba, y no llegaría durante ese día. Al cabo de una hora de  ser evacuados la mayoría de los heridos estaban de vuelta en sus unidades, alegando que estaban más seguros en el frente que en las playas. Las playas de desembarco se estaban convirtiendo en un auténtico infierno. 

La tercera y cuarta oleadas llegaron a la playa tras la 2ª Sección y llevaron a la playa 2.800 hombres más que comenzaron a escalar las terrazas hacia la parte llana y el aeródromo. El fuego de armas ligeras enemigas iba en aumento. Los marines que habían desembarcado en Playa Verde, a la izquierda de Rebstock y la 2ª Sección, avanzaban hacia la base del Suribachi. Pasados unos minutos de las 1000 horas, mientras los Marines apelotonados en las playas trataban de superar las expuestas terrazas, el General Kuribayashi dio la orden de abrir fuego a su, hasta el momento, silenciosa artillería. 

El rugido fue tan ensordecedor como aterrador. Artillería y morteros, acompañados por las enormes baterías de costa y las piezas anti-aéreas, soltaron una terrible descarga. Las playas fueron pulverizadas con todo tipo de fuego, y las granadas barrieron de arriba abajo las playas de desembarco como una enorme guadaña. Los Marines fueron destrozados y las lanchas explotaron. Todo vehículo y material cercano a las playas fue destruido. Lo peor fue lo de los heridos de las primeras oleadas. Heridos y esperando a la evacuación, ahora eran aniquilados junto al personal médico que los atendía. 


A la caída de la tarde los Marines se atrincheraron allí donde estaban. En la costa oeste, la Compañía Easy se preparaba para la inevitable carga banzai, según la predecible táctica japonesa. Jay Rebstock ocupó un pozo con otros cuatro Marines, y enfiló su BAR hacia el norte, imaginado la inminente y aullante carga. Se preguntaba si sería capaz de disparar con la suficiente velocidad como para pararlos.



   

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Escrito por: jenofonte () on 30-07-2008 23:39

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Escrito por: jenofonte on 30-07-2008 23:39

oido

 

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Escrito por: McLarry () on 24-02-2007 11:22

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Escrito por: McLarry on 24-02-2007 11:22

Gracias, Granfali, por la alabanza. Estas cosas animan a continuar con la labor. 
La verdad es que ha sido casualidad el hecho de coincidir en el tiempo el estreno de la película y la publicación del artículo. Pero estoy de acuerdo, cuanta más información se obtenga, hay hechos que se entienden con mayor facilidad.

 

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Escrito por: Granfali () on 24-02-2007 08:59

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Escrito por: Granfali on 24-02-2007 08:59

Estupendo!!!  
 
Gracias por el artículo. Me lo he leído de un tirón :p  
 
Yo aún no he ido a verla a ver si en esta semana puedo. 
 
Esta es la típica batalla que uno no puede "entender" si no ha leído banstante sobre la guerra. Cientos de cañones de barcos y aviones con un apoyo bestial y van los japos y se cargan a 6.000 tíos e hieren a 18.000 en una islita de unos pocos kilometros cuadrados. Impresionante! 
 
Un 10 McLarry 8)

 

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Escrito por: Cannon () on 18-02-2007 09:36

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Escrito por: Cannon on 18-02-2007 09:36

Ayer vi Cartas desde Iwo Jima. Me gustó bastante aunque la primera media hora es pesailla. Muy curiosa la filosofía japonesa, preferir suicidarse a luchar hasta el final por el deshonor a ser capturados... 
 
Ah, está en VOSE, no se va a doblar.

 

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